Las alas son tuyas, el cielo, de nadie.

Prefiere pedir perdón, a pedir permiso. Decide tu camino, errado o certero. Nunca se sabe qué es lo conveniente hasta que has avanzado, y allí decides dedicarte a mejorar lo caminado o a iniciar otra vez. El valor está en comenzar, en emprender vuelo con lo propio, con tus alas, con tus recursos… y tomar el vuelo.

Son tiempos de tomar los caminos con seriedad y decisión. Mira las estrellas y comprende que sin nada estar escrito, se ha dibujado luceros para alumbrar tus sueños. Agradece ese momento de recogimiento, y sin saber el tamaño de la recompensa, álzate en vuelo. Nada a medias, pues cuando el destino te percibe temeroso, te da pruebas de ese veneno llamado miedo y te acelera las conclusiones. Decide partir, pero no decidas dudar. Anda sobre eso que no tiene dueño y aduéñate de la experiencia de emprender un vuelo: un desafío, una ruta nueva, un hobby, una pasión, un amor, una razón o una causa. Cualquier cosa que huela a tu decisión y tu camino. No saques cuentas antes de tiempo, pues siempre faltará para ser satisfactorio, pero siempre habrá demás una vez que has aprendido a volar.

Has llegado hasta aquí con todos los errores encima de tu cuerpo y tu conciencia. ¿Y crees que fue una secuencia fácil combinar toda tu experiencia y el presente a que has llegado? Nada se puede medir con los metros de lo fácil, sino con los metros de las sensaciones que tienes al frente, en tus sueños, en tus ojos. Y desde ese agradecer por tener alas para volar, anda sobre eso que te pertenece: será tuyo cuando sólo tu hagas y sientas en ese mañana que otra vez te hará preguntas, y tu, con esa sonrisa caprichosa, responderás con el tamaño de tus alas, que ya vuelan sobre cielos sin nombres, donde tu osadía será experiencia para quienes vienen tras de ti, o los que en tierra han quedado, esperando lo resuelto, lo conocido, y obviamente, la oferta y lo barato.

(Arcano Mayor La Estrella, diseño del Tarot de la Magia, rediseñado por mi. Edición enero 2019).

Ver no es Mirar

Es curiosa la manera cómo has empoderado a los ojos. Desde hace poco, se llevaron el premio al sentido protagónico, llegando a estos días como fundamental. Llegas a escuchar eso de “existe si lo ves”. ¿Alguien ha visto al miedo caminar por la calle? ¿Alguien puede ver la riqueza, el amor o la elegancia arrumado en la mesita del cuarto? El ver no sirve para revelar lo importante. Aprendes que das brillo si miras con atención los detalles. Ver no es mirar. Ver es pasar los ojos por una generalidad y confirmar que cada cosa está allí. Mirar es despertar tu sentido curioso y cerrar los ojos para que aparezca la revelación y la magia de lo que se volverá valioso. El mirar aparece con los ojos cerrados, y miras cada sentido como si fuera por primera vez. Si le creyeras al mirar, cuando abres los ojos, se revelaría cada detalle asombroso de tu momento, tu presente, tu vida y tus circunstancias. Pero decides constantemente creerle al ver que sólo confirma lo que crees, a veces, con total engaño.

No siempre fue así. La visión era una referencia que confirmaba lo que mirabas. Mirabas las descripciones de los mapas con entonación, los libros con ilustraciones que te llevaron a viajar a lugares mágicos, mirabas la señora de la ventana de enfrente tostar un pan y ponerle mantequilla en el silencio de lo cotidiano, y eso revelaba la vida entera que tenías dentro de ti. La mirada creada con los ojos del corazón, de la intuición y de la sabiduría del aprendiz, mirabas sueños, amigos divinos, objetos que se movían, ángeles, divinidades, dragones, magia, belleza y acertijos que guiaron a la humanidad para nunca dudar de su sentido divino en la Tierra. Y te animó como humano a revelar secretos no nombrados de la vida cotidiana y ambiciosa que movió viajeros, conquistadores, locos y evangelizadores a conquistar el mundo en nombre de lo que miraban con sus ojos cerrados. Como humanidad se perdió esta propiedad cuando el ver se volvió la ceguera y tu creencia confió en los ojos del poder y del discurso de los gobernantes. Le creíste en su totalidad y el mirar pasó a ser desconfianza, porque quien miraba descubría y revelaba valor, sentido, profundidad, belleza, magia, divinidad y todo lo que se crea en la mirada interna que seguramente era llamado distracción por quien quería enseñarte su versión y nunca defendió tu mirar. Muchas veces me he preguntado dónde está lo real, si en la evidencia del ver, o en la creación de la mirada propia.

El mirar permite que las cosas se observen como si fuera la primera vez. Como si miraras con tu cuerpo y con el resto de los sentidos. Permite que sepas reconocer quien es leal, que te da sentido, qué te enseñará sabiduría, quién aviva tu inocencia para ir por primera vez tras un descubrimiento o un talento. Las cosas sólo son puras cuando las miras desde lejos. Todos somos de ningún lado del todo y de todos lados un poco. Luego de la magia del mirar, aparece el ver, que reconoce en la mente evidente y lógica el lugar y las propiedades de lo que te rodea. El ver te brinda la confirmación de que has llegado lejos y puedes medir la distancia para determinar un parámetro estándar de logrado o no. El ver permite saber si estás en un lugar nuevo o no, para confirmar si es prudente confiar o no.

Quien sólo ve con sentido de obviedad, se ha vuelto un ciego que repite caminos para no perderse, pues el ver lo mismo le indica que su seguridad está a salvo. Pero hay videntes que miran los detalles, esos que se crean con los ojos cerrados, con la danza, con la respiración, con la caricia, con la ambición de los sueños… para que cuando los abras, brille el valor donde los demás no miran, porque de ciegos es el mundo que ve y camina sobre el tesoro reclamando que nunca lo encuentra; y de sentimientos está hecha la sabiduría de saber mirar al cielo y encontrar que sobre todos cae el manto de lo valioso. Busca brillos con tu mirada, inicialmente dentro de ti, porque con el ver, sólo te encandilarán los vidrios que intentan ser diamantes.

(Arcano XVII de Tarot de Flemish. Restauración realizada por mi este año 2019 de una versión de Vadenborre Tarot de Bruselas de 1780)

Quien carga su propia agua, da valor a su copa

¿Cuánto vale el agua? Si te tomas el tiempo de ir a la montaña o al arroyo a tomar un poco de esa agua libre y fugaz que la lluvia y la nieve dejaron sobre la tierra, la piedra, o el bosque, si llegas a la fuente y con cántaros grandes tomas una porción de ella y la cargas todo el camino en tu espalda. Si la dejas en la mesa a decantar durante la tarde, si llega la noche y la vacías sobre jarras de vidrios de colores.Si con ella llenas tu copa y cuentas a tus invitados que todos los días vas a la fuente a tomar su esencia y es lo que llena las copas esa noche, sabrás que el agua no vale por su composición, sino por su valor de saber tomar del origen el cristalino fruto de ciclos eternos, y que el camino la macera con el ritmo de tus pisadas, con tus pensamientos, tus canciones al viento y tus silenciosas pausas, y logra que ese brindis se confunda con las lágrimas de emociones por el gran encuentro, hace que lo vulgar, lo trivial, lo común e incluso, cotidiano, adquiera el aura que da sentido a todo.

¿Cuánto vale lo propio? Si te tomas el tiempo de tomar en tus manos la gracia de una opinión, la alegría de una nueva idea, la singularidad de un punto de vista ante una conversación que enriquece al otro, el desafío de crear el trazo de una letra que hará parte de un mensaje sincero a quien tu corazón quiere ofrecerse, tu propia forma de poner unas flores en la mesita del costado, la narración de tus propias aventuras, ese botón que uniste, puntada a puntada, a tu camisa y vuelves a usar después de tanto tiempo, tu propia manera de sumar los números, de enseñar la ortografía, de construir tus propios muebles, en fin, tantas e infinitas cosas propias que son propias y que construyen tu ser y tu manera, tu valor y tu brillo que, cuestionarlo significa no alcanzar a darse cuenta que los demás pueden hacer cada una de sus actividades, o decidir cada uno de sus asuntos, como un manual o como una costumbre dice. Pero lo propio, lo que te gusta, lo que haces a tu forma, lo que no daña a nadie y lo que te ofrece bondades es justamente lo que te da valor, porque hacer para el otro, creer lo del otro, hacer igual al otro, decir lo mismo que el otro, y exponerse al otro para agradar a ese otro, son maneras demasiado vulgares de perder el brillo, de perder razón y de perder sentido de ser uno para el todo.

Dar valor es el acto más amoroso con uno mismo. Dar valor es la forma de sentirse en medio de todo, porque ese todo te ha hecho único y vinculado a todo. Dar valor a tu agua, a tu labor, a tu cotidiano, a tus ambiciones, a tus caminos, a tus sentimientos, hace que eso tan auténtico que llevas en ti se pueda unir en novedad a todo lo que te rodea, a todo lo que estuvo allí para ti y todo lo que espera de ti esa unión, esa entrega, ese respirar de dar y recibir que te bendice y te vuelve eterno en saber que tu valor aún brilla en cada pisada y en cada detalle. Toma tu brillo y que brille el mundo.

En tiempos donde todo pareciera ya estar hecho, el valor es volver a crearlo con tus formas y sentidos, con tus recursos y tus conclusiones, con tus detalles y tus creencias, para que así, si vas a dar utilidad o vas a ofrecer un objeto o una idea, que venga de tu corazón, y no de la tienda de decoraciones o del google de lo ya realizado, donde ya se reprodujo casi dos millones de objetos similares para crear el mismo asombro a dos millones de personas que ese objeto le será entregado. No necesitas ser extremista, basta con envolver la manzana en un papel donde dibujaste lineas de colores para que se vuelva el regalo más singular que tu corazón pueda dar con la generosidad y sentido que tu corazón quiere ofrecer.

(Arcano XIV, La Temperanza, de reproducciones de Miguel Ángel (1475-1564) coordinado para este tarot por Guido Zibordi Marchesi. De mi colección privada, Edición de Lo Escarbado, año 2012, Torino, Italia)

Que el miedo te tenga miedo

¿Quien te enseñó a temer? Creo que comprendes que temes porque te advirtieron de tantas cosas, que hoy, actúas instintivamente por la enseñanza de tu creencia. Temes al peligro, porque la experiencia de tus anteriores ya pasaron por ese fuego. Temes a la pobreza, porque alguien te ha demostrado la carencia total. Temes a la muerte, porque la importancia de la materia ha sido superior a la del alma.

Temer ha sido un mecanismo de sobrevivencias muy efectivo, porque ha permitido enseñar la subsistencia y la dignidad. Y desde allí, se enseña la abundancia, la salud, la alegría y la fe desde el contrario. Si te cuidas y huyes a la herida, sobrevives. Si trabajas duro y le temes a la vagancia, tendrás lo que necesitas. Sólo sufriendo se encuentra la divinidad. Cuidado con ser risueño, porque mejor temerle a quien sonríe mucho. El miedo fue entonces, una gran manera de educar y como tu educas a los tuyos. También de la misma manera lo hacen los gobiernos, jerarquías, respetos y todo quien prefiera ser autoritario para controlar cualquier situación. Te dirán los ignorantes que han preferido lo fácil y conocido: que es mejor ser obedientes sumisos, ignorantes y silenciosos, que ser el próximo en perder. El miedo fue muy efectivo, com verás.

Llegas a comprender que hay un miedo más voraz, y es el miedo a estar bien, a ser feliz, a sentirse realizado, a saber que puedes enfrentar cualquier tormenta. Y prefieres la enfermedad, prefieres disfrazar el síntoma con pastillas en vez de ir a la raíz de los conflictos. Prefieres la enfermedad para estar acompañado, que la salud y vitalidad para no sentir la obligación de tener que tomar tus fuerzas como sólo tu sabes hacerlo. Y comprenderá que ya es suficiente: el miedo te ha enseñado la enfermedad, la misericordia y la esperanza de que alguien haga algo por ti, de que alguien venga a verte, de que alguien recurra a ti. El miedo ha sido demasiado importante en la tierra de la vida y la esperanza.

El miedo te temerá cuando descubres el valor que hay en ti para desafiar a los miedos inventados y creados por supuestos que nunca se han demostrado. A los miedos que aprendiste para repetir la vida de otros, para caminar por el camino conocido, para seguir el orden que otros han diseñado como el correcto. El miedo te ha gobernado y llega un día en donde repasas tus creencias, y encuentras un sinnúmero de ellas que en verdad no son ciertas, pero que sigues actuando de manera temerosa ante algo que sucederá.

Que el miedo te tenga miedo cuando despierta tu voluntad de liberarte de lo conocido y caminas por tu propio camino, por tus creencias ciertas, por tu fe que llevas en tu corazón, por tu cuidado personal y el cuidado de los que amas. Que el miedo vea que tienes el poder de ser portador de abundancia porque sonríes a la vida. Que el miedo vea que tienes voluntad porque sueñas con tus ambiciones. Que tienes fuerza para imaginarte en otro lugar donde puedas estar en paz. Te propondrán más miedo para controlarte. No es de maldad, sino de amor malentendido a lo conocido. Y allí estás tu, con toda tu madurez, con toda tu habilidad para ser valiente y fuerte en el mundo. Caminas hacia tu tierra deseada para ser, vivir, actuar, amar y sentir realización donde el miedo te tiene miedo. Sin revoluciones, pero con evoluciones que te permitan saber que eres propio de ti.

(Arcano XIII, de Tarot Le Minchiante Fiorentine, Ediciones Il Meneghello, Milan 1986. Impreso a mano para un total de 2000 ejemplares, donde mi colección privada tiene el numero 801)

La suerte es agradecer

El ser afortunado no es una elección divina de unos por sobre otros. Es una condición que nace del interior. Es un secreto de magia emocional que algunas familias, clanes, naciones y Eras de la humanidad la usaron para crear valor y dicha de jugar todo a favor de los tiempos. Mantenerse en estado de agradecimiento puede ofrecer estados de conciencia alterados al sentir que cada elemento que te rodea está presente para sumar y ser testigo del momento que vives. Por simple o profundo que sea el instante, todo es para ti. Entonces, agradece, agradécete y deséala a otros, agradeciéndoles.

La suerte no existe fuera de ti, sino dentro. La suerte no existe fuera del agradecimiento. El agradecimiento crea energía de bondad, llevando a la profunda simpleza la percepción de los detalles de eso que suma mágicamente en lo que desarrollas, sientes, piensas, creas, construyes, defiendes, mejoras, levantas o terminas. Agradece todo lo que llegó a ti como parte de lo que tenía que acontecer para ser quien eres. Y con eso, ahora agradece poder continuar luego de lo vivido. Agradece el logro y el fracaso. Agradece la vida y la muerte. Agradece todo lo que compone tu ser. Agradece todo lo que no sucedió. Agradece lo ganado. Y agradece lo perdido. Nada sobra, nada falta. La suerte aparece en medio de ese punto intermedio entre un lado y el otro. Allí, cada uno iluminará lo indefinido con un gracias profundo. Sentirás el sutil temblor dentro de ti. Sentirás el poder. Sentirás la suerte.

El agradecer confunde a la mente, y ésta no sabe distinguirla de la polaridad, porque el Gracias no tiene contrario, desarrollando una confusión interna que perturba al comienzo, creando después la sensación de levedad. Asusta al inicio. Agrada después. Al no estar acostumbrado a sentir tanta caricia de conciencia, la mente decide bloquearla y comienza a negarla, rechazarla. Se avergüenza, se satura y luego huye. La mente no entiende qué sucede en esa quietud, pues sólo fue entrenada para “hacer”, desconociendo, incluso negando, el potenciar de sentir. Allí comprendes que la mala fortuna nunca estuvo en el otro ni en el orden de los acontecimientos, sino en tu poca capacidad de agradecer cada paso para llegar al momento cumbre.

La suerte no se envidia, porque se convierte en veneno. ¿Cómo desagradeces lo agradable y lo contundentemente sabio? No se puede desenvolver lo ya creado, pues todo lo que existe es consecuencia de billones de interacciones que estuvieron presente. Agradece lo que puedas de toda esa cadena de sucesos y sentirás que tiene efectos mágicos. Pronuncia en un suave murmullo entre tus labios la poderosa palabra “gracias”. Siéntela en ti, deja que penetre en tu piel y en tus víceras. Permite el brillo de todo lo que rodea. Bendícelo con sus sílabas. Y crea eso que ha sido preparado para ti, sólo para ti… la suerte de ser protagonista, testigo o creador de todo lo que se convirtió en ti, y todo lo que a partir de ti, generará lo siguiente. Eres eterno en esta cadena de sucesos, y no el eslabón solitario que sostiene el tiempo y la razones. Eres todo junto, la causa y el efecto. Si agradeces permanentemente, comenzará en ti una sensación de fortuna, de plenitud y sobretodo, de dicha verdadera. Abandona la sensación de privilegio del otro, y permite aceptar que, desde ahora, eres afortunado como única verdad, como un todo absoluto.

(Arcano menor 1 de Oros, de Tarot de Bruegel de Pietro Alligo, de mi colección privada, versión Lo Scarabeo, Torino, Italia, año 2003)

Avanzar

avanzadas

¿Dónde queda el paraíso?, tal vez en ninguna parte, tal vez en tu interior. Tal vez en la cima de algún lugar, o abajo del que quiere esconderlo. Pero a ciegas, avanzas hacia él como quien va hacia la tierra prometida, sintiéndote miembro del pueblo elegido.
Quien corre, huye de la miseria, de la desgracia, de lo que ha acabado, de la tristeza, de la muerte… y va hacia su deseo sin certeza alguna, pero va a todo galope. A toda velocidad, enfrenta desafíos como un loco para sentir que llegará al destino de sus sueños. Quien trota, mantiene el ritmo de las rimas que contienen un mensaje, unas palabras que cambian el sentido, cambia la mirada y la opinión de quien tendrá que decidir. Quien camina, contempla la belleza mientras avanza en medio del paisaje, y comprende que es eterno como el universo, comprende que es parte de la belleza de todo y que todo está para sí, para tomar y usar con respeto. Comprende que el camino está hecho de senderos que el desorden de la naturaleza ha dejado para permitir el paso de quienes saben agradecer y admirar lo sublime, lo sagrado. Pero quien se detiene, perdido, miedoso, avaro o en pereza, algún día la descomposición lo alcanzará, y se pudre, se confunde para transformarse en el polvo del camino, sin poder disfrutar de las riquezas, sin contemplar del paisaje, sin llevar lección alguna a quien viene más atrás, y sin galopar campante hacia su sueño, su ambición, su paraíso que no está en ninguna parte, sino en medio de su corazón que da corazonadas cuando se sabe cerca de lo que deslumbra con el brillo de los ojos del aprendiz.
Sólo quien avanza por sus sueños, sus deseos y su ambición, sabe que la razón de existir está en el movimiento y no en la quietud, porque quien conoce lo eterno, sabe que tiene la dicha de conocer y vivir cada rincón de la experiencia, sin importar el éxito o el fracaso. E ir por más, aunque no lo haya, porque tu corazón no cuenta los latidos ni la vida los pasos de tu riqueza, sólo caminas, avanzas de cualquier forma para saber que todos estamos hechos de una misma misión, de una misma ambición, de una misma razón.

(Caballos y Caballeros de la Corte Menor del Mazo de Tarot Soprafino de Ferdinando Gumppemberg, en versión de Il Meneghello, reproducido por Osvaldo Menegazzi, fabricado a mano en Milan, Italia, ejemplar número 122 de 500, de mi colección privada)