La suerte es agradecer

El ser afortunado no es una elección divina de unos por sobre otros. Es una condición que nace del interior. Es un secreto de magia emocional que algunas familias, clanes, naciones y Eras de la humanidad la usaron para crear valor y dicha de jugar todo a favor de los tiempos. Mantenerse en estado de agradecimiento puede ofrecer estados de conciencia alterados al sentir que cada elemento que te rodea está presente para sumar y ser testigo del momento que vives. Por simple o profundo que sea el instante, todo es para ti. Entonces, agradece, agradécete y deséala a otros, agradeciéndoles.

La suerte no existe fuera de ti, sino dentro. La suerte no existe fuera del agradecimiento. El agradecimiento crea energía de bondad, llevando a la profunda simpleza la percepción de los detalles de eso que suma mágicamente en lo que desarrollas, sientes, piensas, creas, construyes, defiendes, mejoras, levantas o terminas. Agradece todo lo que llegó a ti como parte de lo que tenía que acontecer para ser quien eres. Y con eso, ahora agradece poder continuar luego de lo vivido. Agradece el logro y el fracaso. Agradece la vida y la muerte. Agradece todo lo que compone tu ser. Agradece todo lo que no sucedió. Agradece lo ganado. Y agradece lo perdido. Nada sobra, nada falta. La suerte aparece en medio de ese punto intermedio entre un lado y el otro. Allí, cada uno iluminará lo indefinido con un gracias profundo. Sentirás el sutil temblor dentro de ti. Sentirás el poder. Sentirás la suerte.

El agradecer confunde a la mente, y ésta no sabe distinguirla de la polaridad, porque el Gracias no tiene contrario, desarrollando una confusión interna que perturba al comienzo, creando después la sensación de levedad. Asusta al inicio. Agrada después. Al no estar acostumbrado a sentir tanta caricia de conciencia, la mente decide bloquearla y comienza a negarla, rechazarla. Se avergüenza, se satura y luego huye. La mente no entiende qué sucede en esa quietud, pues sólo fue entrenada para “hacer”, desconociendo, incluso negando, el potenciar de sentir. Allí comprendes que la mala fortuna nunca estuvo en el otro ni en el orden de los acontecimientos, sino en tu poca capacidad de agradecer cada paso para llegar al momento cumbre.

La suerte no se envidia, porque se convierte en veneno. ¿Cómo desagradeces lo agradable y lo contundentemente sabio? No se puede desenvolver lo ya creado, pues todo lo que existe es consecuencia de billones de interacciones que estuvieron presente. Agradece lo que puedas de toda esa cadena de sucesos y sentirás que tiene efectos mágicos. Pronuncia en un suave murmullo entre tus labios la poderosa palabra “gracias”. Siéntela en ti, deja que penetre en tu piel y en tus víceras. Permite el brillo de todo lo que rodea. Bendícelo con sus sílabas. Y crea eso que ha sido preparado para ti, sólo para ti… la suerte de ser protagonista, testigo o creador de todo lo que se convirtió en ti, y todo lo que a partir de ti, generará lo siguiente. Eres eterno en esta cadena de sucesos, y no el eslabón solitario que sostiene el tiempo y la razones. Eres todo junto, la causa y el efecto. Si agradeces permanentemente, comenzará en ti una sensación de fortuna, de plenitud y sobretodo, de dicha verdadera. Abandona la sensación de privilegio del otro, y permite aceptar que, desde ahora, eres afortunado como única verdad, como un todo absoluto.

(Arcano menor 1 de Oros, de Tarot de Bruegel de Pietro Alligo, de mi colección privada, versión Lo Scarabeo, Torino, Italia, año 2003)

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