La Montaña

 

DSC01219En las alturas de las montañas, el silencio, el viento, la luz, la total conciencia de que estás allí, te permite entrar en esa sensación de que estás vivo. Lo has estado por miles de años. Llevas esa esencia de la humanidad dentro y la intuición, la capacidad de sentir esa grandeza de las alturas, te da permiso para creer.
¿Creer en qué? -le pregunto a Alda-.
Creer en todo lo que tu mismo sientes, aprendiendo a salir de las creencia que sólo sirven para adaptar tu vida y los deberes que hemos aprendido como correctos, para ahora decidir por tí mismo qué creencias quedarán contigo y qué creencias deberán ser postergadas.
Eso sería como abandonar muchos principios que me han enseñado para poder vivir en la ciudad…
La ciudad tiene sus reglas y prefiere personas ignorantes que crean en el modelo de la ciudad, de tu barrio, de tu familia, porque así pueden hablar contigo y pueden asegurarse

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Alda, conversando en la montaña*

de que entiendes. La humanidad olvidó lo humano, y lo humano se ha dormido para que en nombre de todos, hagas lo que se considera correcto. Has sido muy honesto en llegar hasta acá, hasta la cima de esta montaña. Los que suben montañas, caminan en silencio entendiendo esa voz que va dentro. La voz que te ilumina ahora tus propias creencias.
¿Y qué se hace con todo lo que consideras que ya no es tuyo?
Lo respetas y lo honras, porque te ha servido para llegar hasta acá. Pero ya no te sirven. Al honrar lo que te sirvió, rindes un ritual a lo más sagrado que te permitió crecer, aprender y vivir el permiso de poder llegar hasta acá. Ahora, en esta cima de montaña, pregúntate por lo realmente tuyo, por la esencia de ti, por la honestidad, y descubrirás mucha tristeza al comienzo porque te sentirás vacío. Todos se sienten así al comienzo. Luego comprendes que todo está para rearmarse y transformarse en humano genuino, verdadero, honesto de ti. Y no necesitas de creer lo que otros te piden que creas. Allí descubres la esencia del Gran Creador y toda la asombrosa estructura de la jerarquía espiritual, que sin palabras ya vive y cree dentro de ti. Cuando sientes esa sospecha emocional, comprendes que recuerdas todas tus vidas, recuerdas toda tu esencia desde hace millones de años, comprendes que vuelves al sentido de lo humano.
Con tus palabras, me haces reflexionar que aprendimos a ser juzgados en la ciudad… aprendimos a vivir en medio del miedo, la culpa y la victimización…
Pero no es para odiar ese aprendizaje. Es para comprender y sonreír ahora que en la montaña descubres una verdad… la tuya.
El logro no es progresar en medio de las cosas. Cuando te llenas de cosas te vuelves esclavo de las cosas. Cuando te llenas de ambición, te vuelves adicto a ella. Cuando te llenas de leyes y normas de comportamientos, te vuelves apático y lleno de enojos espontáneos. Cuando te llenas de creencias en el sufrimiento, la victimización y miedo, te vuelves súbdito de quienes te prefieren complicado por asuntos, molesto, malhumorado y decepcionado. Notarás que cuando sólo elijas tus creencias de bondad, sentido de vida y alegría de ti mismo, estarás tocando una nueva esencia que te permite elegir.
Calma, algún día lo harás, no tiene que ser hoy. Y espero que todos los que te rodean lo comprendan, porque sentir que pasas por esta vida sin comprender lo tuyo, es muy triste, pero la tristeza puede ser una gran razón de vivir de algunos. No es lo tuyo.
Hoy sólo respira la belleza de estas montañas. Caminamos hasta acá para esto, para respirar en silencio y reconocernos esenciales. Es emoción el vivir, y no hacer la vida desde los actos. Los actos no definen a las personas, sólo crean confusión, porque no nos damos permiso para ver sus sueños, sus sentimientos y su verdad del corazón. Aprende a sentir por sobre tus obras concluidas o inconclusas… a nadie le importan. Si sientes primero, luego permites soñarte libremente, y luego los actos sólo siguen tu sueños.

*Alda no se deja fotografiar. Y esta fotografía la tomé a distancia, pese a que me rezongó por haberlo hecho. Me autorizó a publicarla luego que tuvo la certeza de no tener un acercamiento de su rostro. Ella es muy cuidadosa de cuidar su identidad, porque prefiere que sea su mensaje lo que resalte su vida, no su vida.

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