Tulum, un amanecer en tu corazón

tulum

Amanecemos todos los días. Cada cumpleaños nos entregamos al amanecer del nuevo ciclo. Cada etapa de la vida amanecemos a nuevas experiencias. Amanecemos dispuestos y disponibles a usar nuestra fuerza. Estamos siempre en un amanecer eterno. Somos los testigos y guardianes de lo que aprendimos en el ocaso anterior, con tal de ofercerlo en el nuevo Amanecer. En cada emoción vivida, amanecemos a la enseñanza. Somos los que llevamos en el corazón cada grano de aprendizaje para poder imaginarlo y llevarlo en cada paso posible desde el Amanecer.

Esto nos enseña Tulum. La caminamos, la meditamos, la apreciamos y la gozamos como un legado secreto que lo reconoce nuestro corazón. Pequeña, misteriosa, muy simbólica, energética como si estuviera viva, capaz de transportarte en el tiempo para que imaginemos y vivenciemos los tiempos en que su existencia era Sagrada. Tulum, una ciudadela de misterios, rinde honor al Sol. Es la ciudad Maya en la Costa del Caribe y recibe los rayos del sol para dar inicio a la vida en el Imperio, para crear toda la cosmovisión que animará la vida en sus tres planos de existencia. Hoy nos enseña mucho, y los que la caminamos y la meditamos, encontramos muchas enseñanzas y sentidos.
El nombre Maya que recibía esta ciudadela amurallada era Zamá, que quiere decir “Amanecer”. Nos sorprendió saberlo, pues no vinimos a este lugar con un propósito, apareció en forma espontánea. Fue una de las últimas ciudadelas en construirse y pertenece a la época final del Imperio Maya. Se guardó las tradiciones y secretos más selectos y permitió en cada muro registrar su sabiduría. Pero sobre todo, se guardó su sentir espiritual del Imperio Maya: el honrar la vida a través del Amanecer del Sol.
Cada 21 de junio, con el amanecer del Solsticio, indicaba el inicio de la vida, marcaba lo sagrado de estar. La salida de una etapa y la entrada en un nuevo ciclo. Era una ceremonia y una fiesta que celebraba que todo siempre es posible, pues siempre sale el Sol. Siempre se cumplen los ciclos, siempre estamos para esto. Siempre somos testigos y responsables de saber llevar lo que aprendimos al apasionante destino. Siempre era así. Siempre es así.
Apredimos que no hay imposibles, no hay impedimentos, nada interrumpe los ciclos del universo. Y a través de estos ciclos habla una Divinidad perfecta que sólo nos enseña lo más esencial de la vida: estamos para ser un puente de esencias, que a través del símbolo del rayo de luz, se vuelve visible y brillante todo. Esa es nuestra conciencia, nada detiene a la Luz. La oscuridad no existe, lo que hay es ausencia de Luz. No hay noche eterna, es el puente al amanecer.
Que nada detenga tu amanecer. Que no hayan nubes en tus pensamientos. Que seas un puente y fuente de luz, y que sólo en tu corazón lata ese Amanecer que todos a tu alrededor están esperando.

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