Madre

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A través de mi madre aprendí a llegar a este mundo. Fui su primogénito. Su presencia permitió a mi alma anclar entre todo esto que es tan maravilloso, y permitir a su vez reencontrarme con todos. A través de ella aprendí a ver el mundo. A través de ella puedo tomar su legado y todo lo que navega detrás de ella y me lo puede entregar como lección, de tal forma que yo puedo girar hacia el futuro y sumar a esa enseñanza otras lecciones de mi camino.
Un día, cuando era niño, sucedió algo terrible en la casa. Y ella me quedó mirando como asustada porque se dio cuenta que me asusté profundamente. Fue un momento que los dos lloramos y nos miramos. Ahora comprendo que descubrimos la señal de lo que vendría después. Me tomó en sus brazos y me llevó al patio de la casa. Me pidió que descubra con ella mis ángeles, amigos imaginarios, deidades del jardín y que aprenda con ellos el mundo invisible. Me enseñó a ver este mundo invisible. Lo hizo varias veces hasta cerciorarse de que haya aprendido eso. Entendí que era más que mi madre, fue el maestro más importante, el primer contacto con un mundo que me ha dado sentido de vida. Guardamos ese secreto. Mantuvimos un diálogo paralelo y cómplice para que pudiera seguir un camino de aprendizaje, hasta la última vez que estuve con ella en este plano. Recordamos ese momento y todos los momentos en donde en secreto me daba sus lecciones. Me contó que las aprendió del padre de su madre y que pudo tomar esa lección porque el abuelo Visconti perteneció a un linaje de sabios muy especial. Me pidió que buscara eso, que allí encontraría un camino y un secreto. Luego, después de un silencio entre su dolor y agonía, me dijo que me fuera, y que vaya a hacer lo que tengo que hacer, que ya pronto sabríamos comunicarnos de otra forma. No quiso que la viera mas.
Hoy honro esas lecciones que me han dado muchas satisfacciones y muchas verdades que ahora entrego en forma de servicio y oficio. Vivo decidido en estas enseñanzas, entre mis ángeles y deidades, que me aportan lecciones cada día. Y en estos meses, el diálogo con mi Madre ha sido intenso, encontrando sentido a muchas vivencias. La mas importante, es saber que crucé un puente y llegué a un nuevo lugar. Aprendo de esto. Me senté en la otra orilla a descansar y a esperar. Esperar el tiempo prudente para completar todo lo que debe seguir conmigo y soltar lo que ya no seguirá. Pero también sirve de pausa para contemplar el nuevo paisaje, el nuevo lugar. Luego me pararé y continuaré mi camino hacia un lugar que no tiene destino. Los caminos tienen paisaje y no destinos. Lo hermoso de la magia está en apreciar eso invisible, eso fundamental, eso trascendente que embellece y da sentido a todos los corazones. Y descubrir que el sentimiento del corazón no es grande ni estrecho, es profundo. Gracias Madre, gracias por tu gran lección.

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