Silencio

ImagenAgradezco la oportunidad de haber podido estar en las alturas de un cerro inmenso, cuyo ascenso me hizo apreciar el valor del Silencio.
Estar en las alturas, en silencio, tocar con las manos la roca que te sostiene, es descubrir algo muy preciado. ¿Cuántas veces nos damos el permiso de estar en silencio?. Es un derecho que, cuando lo descubres, se atesora.
Los ojos cuando no quieren ver, simplemente cierras los párpados, pero cuando los oídos no quieren oír, no tenemos esa protección que nos aísla del entorno. Entonces, tenemos que emprender viaje a los desiertos, a las llanuras, a los bosques, a los templos, a las casas de abuelos o a los rincones de niños… a la quietud de cada cual. Estar en silencio es dar con ese lugar, con ese momento, con ese coincidir que nos hace apreciar el valor de ser y tener sentido.
Meditar es respirar. Es seguir el ritmo, es fluir sin apuro, es seguir tu sensación en calma, sabiendo que nada perturbará ese momento. Cuando meditas en silencio, aparece la quietud necesaria para encontrar el camino nuevamente. El silencio no te devuelve las ideas ni te corrige la meta que te has propuesto. Simplemente te devuelve al centro, a la ruta, a la belleza de apreciar el momento, a la quietud de ese contacto con el segundo que late tu corazón. Al comienzo, te llenas de pensamiento, pero si persistes un momento y te concentras en el silencio, aparece ese fluir, esa quietud, esa paz.
Llega a ser tan curiosa la manera de vivir de hoy, que no tenemos este privilegio de sentir el silencio. Por eso tenemos que viajar a los desiertos, a las llanuras, a los bosques, a los templos, a las casas de abuelos o a los rincones de niños, donde dejamos olvidado el valor mas sagrado, el valor de sentir el silencio.

Un comentario en “Silencio

  1. Querido amigo, que alegría leerte y encontrar tus líneas en el silencio de mi casa.
    Es muy cierto que este tiempo veloz, ruidoso y agresivo en el cual estamos inmersos, nos confunde y nos hace pensar que eso es la verdad de nuestra esencia. Sin embargo, cuando regresamos al silencio, en el lugar que fuere o a través de la práctica de la meditación diaria, recordamos que ahí están las respuestas a las preguntas, preguntas nuevas, camino definido y estancia placentera que es como una eterna y luminosa línea de partida y de llegada invisible e indeleble. Un abrazo a la distancia incierta y segura de que nuestro encuentro de almas es inmediato en el Centro del Silencio, en la verdadera conciencia del Ser como Unidad. SOMOS UNO EN ESE CENTRO SILENCIOSO MARAVILLOSO.Con todo mi cariño y muy alegre de leerte.

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