La verdad no existe

¿Aún sigues creyendo que la verdad es posible? La verdad no existe. Nunca llegaremos a ella. Sólo es posible obtener una versión lo más parecido al asunto. Por lo que entre todos, sólo podemos contarnos versiones que, con la demostración o la construcción de las narraciones de todos, podemos construir una versión más contundente. Nuestras familias son recursos narrativos que se van heredando, y sólo tenemos la posibilidad de construir una versión amable y agradable del lugar donde venimos. Las abuela contaban acerca de historias que hablan de valores y amores. Los abuelos, de proezas de sacrificio para tener el honor. nunca sabremos si fue así, más asumimos que la verdad es aquel conjunto de versiones que van dándose como cierto.

La ciencia especula con experimentos donde la suma de observaciones realizadas en el campo de estudio, van mostrando tendencias o resultados similares. Aquellas versiones construyen una verdad provisoria hasta que cambiamos el punto de vista. La verdad sólo es posible para el mismo objeto en si mismo, porque sólo somos observadores, y como tal, sólo atesoramos la mejor versión.

Los sentimientos hacen lo mismo. El amor no existe en el mundo real. Sólo es un sentimiento que se siente y se comparte, pero cada parte tiene su forma y versión de sentirlo y vivirlo. Es como bailar en una fiesta, donde cada uno lo hace como le parece cuando la danza no obliga a obligaciones. Y podemos reírnos del cómo se mueve aquel o cómo la destreza de ese otro domina la atención.

La historia cuenta versiones que recolecta con evidencias, nunca pudiendo tener la certeza de que los hechos fueron de determinada manera, hasta que el conjunto de versiones y evidencian indican que hay una versión contundente de que los hechos ocurrieron de tal manera. En este aspecto, aprendí que la historia siempre está contada por los ganadores y nunca por los perdedores, teniendo el papel de dejar una sensación de que el veredicto de la “verdad” fue de determinada manera, pero sabiendo que todo es provisorio, y que funciona cuando unimos puntos del pasado para entender los puntos que se tejen hacia el futuro. Pero también aprendí que la historia evoluciona no porque una cosa se transforma en otra. No, eso no es así. La historia habla de transformaciones, y en cada hecho sucede algo extraordinario que no estaba en la lógica de la línea de los hechos, y que esos asuntos fortuitos cambian la dimensión de la versión de ese momento, construyendo una nueva que destruye la certeza anterior.

¿Aún sigues exigiendo una verdad? Lo que exiges es que la versión que te cuentan sea como tu crees, sea como te parezca, sea cercana o igual a lo que consideras bueno. Y en estos tiempos, la verdad se exige como condición para ser de los nuestros o estar en el lado de los contrarios, cuando ante ese absolutismo feudal, nadie quiere quedar del lado equivocado de la historia, y la defensa de nuestros valores y creencias se hace preguntas ante la fuerza del contrario.

Lo curioso es que en estos tiempos estamos en un infinito intento de llenarnos de versiones de todo tipo, creando el olvido de lo que nos parece estable, íntegro, valioso, puro o sagrado. Este intento nunca sabremos si es fortuito o manipulado, cuando al final, se nos olvida las esencias de lo que somos como humanos, elevando “verdades” que son sólo versiones que transforman nuestras creencias. Y la atención a esto permite entender que estamos frente a tiempos de nuevas direcciones. Si desaparecemos un tiempo, un par de años en los montes para vivir como ermitaños, y regresamos a escuchar as novedades, podemos darnos cuenta que, puede ser que todo sea tan distinto, tan conjugado de nuevos significados a través de nuevas máquinas o tecnologías, modismos, creencias y sentimientos populares, viviendo una revolución que se tomó dos años en transformar todo lo que dábamos por cierto. O puede suceder todo lo contrario, regresamos después de dos años y encontramos todo igual, confuso, confrontado, malintencionado, donde la degradación de los valores aún no encuentra rumbo o sentido. Para darnos cuenta que quien quería cambiar todo sólo usaba esa consigna para remover nuestras esencias e instalar sus conveniencias, o quien anunciaba tantas cosas, sólo era un tarro con piedras agitándose en medio de una ceremonia silenciosa.

La cosa es que vivimos versiones. De esas que se nutren de sabores narrativos, de contrapuntos que construyen el contorno de los hechos, cosas y sentimientos. Y lo hermoso es saber que hablamos con alguien que supone mi versión, y nosotros a su vez, suponemos la del otro. Lo que sí he aprendido es que en la diversidad está la gran versión, jugando a creer que somos dueños de la verdad.

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