Estoy en la obligación de hacer una profunda reflexión a una mujer, una mujer libre. Admiro aquello de la libertad, porque queda fuera de aquello del “mejor pedir perdón que pedir permiso”. Ni formas ni modales, sólo autenticidad de la propia, de la valiosa. Las personas libres, aún más las mujeres libres, molestan. La libertad es una insolencia para aquellos que se han acostumbrado a las rejas invisibles, a las costumbres y las normas de biencoportadas, porque estar fuera es como declarar que volar es la enfermedad de las aves domesticadas. Ver a alguien decir lo que piensa, vivir sin pedir autorización, existir por completo y en constante expansión, es casi obsceno para el patriarcado que destaca por encerrar lo bueno, cortar lo que tiene sentido y castigar a quien no agacha la cabeza. El mundo se ha vuelto demasiado pequeño para personas así.
Adoro a las personas libres, las mujeres que inspiran, las que están en constante creación, porque lo suyo es tan suyo que sólo cabe en el propio mundo de las personas libres, en especial, el mundo de una mujer que no tiene que ganarse ni demostrar nada, porque ser mujer es entender que es el origen de todo. Negarlo es negarse. La libertad es cada vez más cara, y como todo lujo, se desea con la inspiración y la envidia, la de seguir a quien lleva la bandera y querer anularla por llevarla bien alto y flameante. Hay una economía del comportamiento, un mercado negro de opiniones permitidas, de esas sarcásticas, que desgastan con rumores y sonrisas malintencionadas, para apelar a la falta de control en su familia que no supo atrapar ni controlar a quien inventará toda la vida otra vez. Según los poderosos que intentan gobernar con sus mujeres mudas en sus casas, todo está domesticado, y no les gusta que una mujer venga a desafiar lo establecido con canciones que inciten a esos “otros” que sí piensan, opinan, intentan, crean y proponen justamente lo contrario, porque quienes hoy escriben las leyes, lo hacen para encerrar a quien desafían la frontera, porque sólo basta una sola mujer que sonría libremente para fundar nuevamente toda la humanidad.
La libertad para las mujeres es aún más cara en medio de tantos que quieren traer de vuelta a las obedientes. Hay un doble precio que pagar. Y ella paga hasta el triple sin que le tiemble la mano, porque el precio no impone dudas, sino confianzas de saber que la libertad ha ganado, más cuando viene de quien será tachada de loca, bruja, descarriada y sin un hombre que la controle. Es gracioso darse cuenta que todo apunta que será una mujer, migrante, asiática o latinoamericana, la que lleve las promesas de fundar la gran revolución para llevar todo otra vez a la famosa manzana, para volver a comerla, para molestar a Dios. Hará estremecer los santos libros para abrir las puertas donde se esconden las otras páginas de libros escritos con esencias que nos devuelvan al paraíso perdido. Sonreirá y moverá sus brazos con vehemencia como dando la señal del gran inicio. Nada las detendrá. Millones la seguirán. Y no esperes el protocolo de las buenas costumbres, porque esta mujer no intenta encajar. Ni quiere. Quiere ser propia de sí. Es eso. Parece poco, pero es inmenso.
Por supuesto que caerán los castigos sobre sus huellas, y se pondrá un precio por su captura. Habrá una recompensa a quien consiga atarla en la hoguera de las sentenciadas. Harán discursos que intentarán intimidar. Le llamarán malhablada, exagerada, iracunda y sobretodo, será tachada de “maldita” para que reciba el desprecio de todo quien busque amarla. No saben lo que hacen. Será al contrario, porque seremos millones los que sonreiremos ante la buenanueva que llega con retraso, pero llega. Entonces, intentarán que se enamore, que se pierda en las pasiones, en la moda, en la farándula del poder para que una selfie la desprestigie para siempre, a pesar de saber que una mujer libre no se vuelve de alguien ni busca que la acompañen. Las personas libres dan miedo, porque saben ponerse de pie y elegir estar al lado de quien la merece, porque aman y se apasionan sin tener que parecer ni demostrar. Sólo levantan su mirada como sabiendo dónde está el siguiente horizonte donde se construirá la tribu que la acompañará por lugares donde aún nadie ha podido imaginar.
Esta mujer habla poco e inspira mucho. La admiro y camino contagiado por la libertad que inspira. Debiéramos recordar todos los días que también somos libres. Ella me lo dice todas las mañanas: “tu sabes…”, y sí, yo se.

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