Desobedece. No deseo tu fracaso, sino tu liberación de una etapa a otra, de un lugar a otro, de una habilidad a otra, de una creencia a otra. Porque desobedecer es cruzar una frontera, cualquiera, y no necesariamente geográfica, pues la desobediencia nos impulsa a dejar lo rutinario y sin posibilidad de crear nada, para cruzar donde sólo ganas de construir todo otra vez.
Lo has hecho tantas veces, que cuando lo recuerdas, comprendes que estás donde estás porque desobedeciste. O al contrario, comprendes que te has quedado allí porque no desobedeciste. Yo elegí siempre la desobediencia. Lo haría otra y otra vez, siempre por la misma causa de alejarme de esa obligación que transforma todo en rutina, matando toda creación. La vida sin gozo es ajena y vacía, aunque le han intentado bautizar con eso de la estabilidad y las ganancias, pero no, gracias… no va conmigo. He ganado mucho más al cruzar fronteras con desobediencias que me han traído a este presente abundante y lleno de sentimientos nobles.
Te invito a cruzar fronteras, te invito a dejar de creer en lecciones y versiones que sólo matan la alegría, para entender que has llegado a aquel lugar donde comienza ese otro camino que conduce hacia ese otro lado, donde no hay retorno. Ese lugar desobediente no necesariamente se ha planeado ni tiene mapas o instrucciones. Es un lugar donde viajas con lo que sabes, y fabricarás el resto. Tal vez, es como ponerse en el lugar más incierto, mientras entiendes y te explicas que ya no era posible seguir en el lugar anterior. Sin rebeldía, sin destrucción y sin rencor, sólo vas alejándote lentamente de los excesos anteriores mientras haces tu revolución.
Las últimas tres veces que viví aquella sensación de desobedecer, me llevaron a comprender los fanatismos en los que vivía atrapado, pregonando lo que ya no era, e intentando sentir lo que no era propio, sino ajeno. Quebré con ellos para devolverme la libertad. Toda la desobediencia me llevó a lugares distantes, extraños, míticos y exóticos, donde pude conectarme con otros idiomas, otras maneras, otras deidades, bellezas y asombros, regalándome la profunda reflexión de no ser el de ayer. Y todo lo que hoy soy es lo que inventé de mi mismo. Porque cuando cruzas una frontera ya no perteneces a lo anterior, y las certezas sólo son anécdotas para quien, del otro lado, observa que no necesitas justificarte ni explicarte, porque ya has cruzado a través de la desobediencia a nuevas lealtades, nuevas y maduros lugares donde toda reflexión te devuelven las ganas de crear, de reír y de vivir.
Desobedece. Porque obediente, sólo te has convertido en crítico y extrañamente apático de lo que ves, y eso de la amargura sólo te hace leal a lo que te seca por dentro. La desobediencia no tiene otra intención que la de inventarte una gran razón para salir de lo que ya no crees, y claro… sacarte de lo que no te deja crear.

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