Llega la suerte, y agradecemos. Se aproxima una posibilidad que transforma nuestro presente. Necesitaremos querer esa transformación, permitiéndola. Sin transformación no hay evolución y progreso, aunque cada transformación es un salto no calculado del destino de los asuntos, las cosas, las emociones, las relaciones y la conversación interior que a veces se deja influir por la magia, los fenómenos, casualidades y sobretodo, de asombros sobrenaturales. Dejar que la suerte llegue a tu vida es renunciar al estado anterior, porque la suerte es esa especie de impulso que nos coloca en un orden determinado donde sólo tenemos que caminar y tomar lo que se nos ofrece, agradecer, y concretar.
La suerte nos pone frente a esa discusión sin sentido, donde quien quiere justificarse agranda el asunto al no poder negar su pecado original, dándonos cuenta que la suerte pondrá final a esa manera de relacionarnos, dejándonos libres para ser adultos con nuestras decisiones. También, la suerte pondrá esa decisión donde saltamos de una realidad a una posibilidad que necesita de nuestra convicción y coraje. Sin ellas, la suerte no tiene nada que ofrecerte. Estamos frente a esa suerte de ideas, sentimientos y encuentros donde estamos justo en el momento donde podemos consolidar nuestra placentera vida, siempre que querramos dejar la anterior para pasar a un lugar sublime y más bello, aunque bello no siempre es bonito, sino que bello es un orden que deja al amor, a la elegancia, a la sutileza y a la autenticidad personal hacer sus promesas para no perder lo que se nos ofrece.
Hay tanta suerte a nuestro alrededor, que tomarla con la manos es un desafío que nos exige renunciar a lo previo. Y necesitaremos creer profundamente en lo que hacemos bien, en lo que sabemos de verdad, en lo que entendemos profundamente, y en lo que deseamos con mayor ahínco.
¿De qué sirve la suerte si no quieres dejar lo conocido, lo cómodo, lo fácil, lo habitual? La suerte llega a los que buscan esa otra caja, esa otra parte, esa otra forma, ese otro sentir, ese otro momento para gozar de la abundancia que llega, para dedicarse con pasión a lo que nos desafiamos con la mirada puesta en nuestra transformación. Por eso, la misma suerte nos hace ver a los que mal entendieron la suerte como ese momento, esa energía, esa puerta o esa posibilidad que arregla, nutre y mejora el presente. Eso no es suerte, eso es redecorar el estancamiento, porque posiblemente no estamos convencidos de dejar lo conocido. Tal vez por eso, algunos ganadores de la lotería, pierden todo creyendo que la suerte permitirá cambiar los muebles, la ropa, las máquinas del lugar que conocen, sin querer cambiar de lugar. A veces sí cambian de lugar, pero llevan su cultura conocida, sus intrincados dilemas conocidos, sus miserias humanas que la suerte nunca arreglará, porque no están dispuestos a dejar lo que creen como propio.
La suerte te busca por estos días. Pero te preguntará por lo que estás dispuesto a dejar, a perder, a cortar, a olvidar. Y espero que respondas con actos, actitudes, emociones y honestidades que sólo los valientes, con coraje, con poder y con atrevimiento podrán saber dejar un asunto para ser maduros y propios en otro nivel.
Te deseo la mejor de las suertes.

Siempre contesto los mensajes que escribes. Y podemos construir diálogos por email como si fueran cartas, de aquellas donde uno se sincera frente al papel. Puedes escribirme a farayaurquiza@gmail.com