La emoción y la razón

No hay razones. Por más que insistamos en que hay lógicas que seguir, que obedecer o que entender, no es la razón la que decide, sino la emoción que configura un sentir y un desear del momento o situación. Toda la historia humana puede ser contada desde las voluntades, caprichos y placeres que se convirtieron en poder al momento de decidir. Acompañaban las razones, como las medidas acompañan al carpintero, que al final, se deja llevar por el arte y la belleza de su obra, por la grandiosidad que se desea, por la sensación que se busca sentir. El navegante entra al mar por un deseo que hay mar adentro. El agricultor busca el sabor que alegra en sus verduras. El mago busca lo imposible en lo posible de su magia que ilumina los misterios y que hace bien a otros. Cada uno tiene sus pasiones e intenciones que no están construidas por razones, sino por pulsaciones de emociones que se pueden contar en historias con lógica después de sentir el silencioso impulso de algo que está detrás de los misterios de cada uno. Podemos errar, y encontrar en la imperfección la más profunda de las bellezas que aparecen cuando el ímpetu y la motivación intervienen, porque la motivación son esas ganas de encontrarse con una emoción que alegra y permite sentir esa saciedad que deslumbra en los misterios del placer. Podemos vivir la casualidad que revela, como quien encuentra un tesoro en la caja de la bodega de los abuelos. Podemos tocar la pasión más sublime cuando una cosa lleva a la otra y nos encontramos con quien caminamos juntos por el placer. También, podemos encontrar un dios, —cualquiera o todos juntos—, aquel que nos permite —y no el que castiga—, porque el que castiga quiere sus razones que dominan nuestras emociones para la lógica de su dogma, y no quiere nuestro gozo que nos lleva a descubrir el siguiente misterio de su presencia.

Aquí hay una gran clave de estos tiempos. Conocernos a través de lo que sentimos para tal vez ordenar esos temblores en los contextos que vivimos, y descubrirnos poseídos por emociones que nos promueven sin pensar, o nos convidan a sentir el deseo que se ordena para el siguiente paso. También, esta clave nos invita a entender que nos gusta participar con otros en sentimientos comunitarios, donde la comunidad vibra y se apasiona por sus sentimientos más que por los dogmas de sus libros o sus mandamientos, porque una comunidad se mantiene unida por las emociones que convive, y no por las razones que cantan sus canciones.

Hay emociones que escuchan la razón, pero al final decidimos emocionalmente cada detalle de nuestras vidas. Las razones no ofrecen conductas, sino argumentos que construyen parte de una trama, donde podemos estar conscientes de la certeza y lo correcto según nuestras creencias, pero al final somos gobernados por las emociones. He aprendido que las emociones no se entrenan ni se educan. Sólo podemos volverlas visibles para verlas actuar en sus impulsos, para que la experiencia y la madurez, mezclada con el ímpetu y el gozo, las puedan ordenar y luego decidir el hacer que tengan que hacer. Podemos tener una lista de metas y objetivos. Podemos tener promesas que cumplir, instrucciones que obedecer, fundamentos que respetar, pero siempre una emoción confesará si estamos en el camino que nos lleva a esa plenitud, o no. Los tiempos son de los decididos que han sabido escuchar sus verdaderos ímpetus, y asumirlos con responsabilidad, con lealtad al coraje que nace cuando una emoción sólo nos deja una salida, una bandera, una tarea, donde a veces todo nuestro interior nos pide que abandonemos lo que ya no es para nosotros, para seguir el destino lleno de emociones, donde podamos poner nuestro frenesí en armonía con el nuevo contexto, la nueva utopía, la nueva bandera de nuestras guerras y proezas.

Habrá quienes nieguen, castiguen, se ofendan o actúen con deslealtad nuestras decisiones tomadas con el clamor de nuestras emociones, pero al final sólo podemos ser leales a nosotros mismos, para encontrarnos con otros, tal vez diferentes, tal vez en otros lugares, con quien nuestras emociones dancen emociones comunes. Allí está la esencia de estos tiempos, decidir qué sentir y qué creer con valentía y sin temores infundados, en momentos donde se castiga a quien no cree algunas versiones de quien se asume como representante de verdades. La verdad no existe, sólo las versiones que cada uno descubre, madura y vuelve esencias de las emociones que se nos ofrece vivir.

Me gustará tener conversaciones por emial, como hago todas las semanas con quienes gustan de compartir su opinión y sus puntos de vista. Puedes escribirme a farayauquiza@gmail.com