La luz que llevamos dentro

Pueden pasar muchas cosas por fuera. El viento que anuncia el cambio de estación, la luz del día que se acorta o se alarga según dónde vivas, las personas que caminan deprisa por la calle con sus miles de razones, noticias tristes y salvajes de hasta dónde puede llegar la locura. Mientras dentro, nos vamos alimentando de cariño, de cosas íntimas, de nuestros objetos preciados que acariciamos cada cierto tiempo en la sensibilidad de nuestros recuerdos, leyendo cartas que recibimos hace algún tiempo. Este tiempo de quietud, este tiempo de confusión, de convulsión, nos regala por dentro la oportunidad de volver a conocernos, porque somos nuevos, todos. Todos hemos cambiado, queramos o no, todos hemos cruzado un instante, como su fuéramos visitados por nuestra alma del futuro para regalarnos un nuevo peldaño en el camino de la vida y contemplar la madurez, la sensatez, la pasión y los íntimos sentimientos que nos devuelven a nosotros.

Escuché una canción que me ha regalado un mensaje hermoso para estos días, que habla de la luz que llevamos en el corazón, aquella pura y genuina que somos nosotros en los estados más prístinos que conocemos. Esa luz atrapada, sólo puede salir e iluminar todo en nuestra vida si tenemos un corazón transparente, porque en la transparencia, en la honestidad de no debernos a nadie como un servil de conveniencias o un criminal de la falsedad, la luz no regala esa claridad para vernos desde el futuro, como un buen recuerdo, y llenarnos de la nostalgia de haber conquistado esa tranquilidad que sólo por dentro y sin palabras podemos suspirar.

Somos eso, sublime y puro que sólo lo auténtico puede sentir certeza y seguridad en tiempos donde todo intenta iniciar una gran transformación, comenzando por el intento de derrumbar todo lo conocido, para volver a contar la historia por los que se apoderan de la victoria contra los derrotados que no tienen derecho a contar su versión. En medio de estos tiempos, dentro de nosotros estamos en paz, en calma, en la certeza de saber que todo está bien. Y que cuidamos de la luz como la flor más sagrada, aquella que da frutos en tiempos abundantes. Desde dentro nos cuidamos para fuera, saber que todo hace espacio a través del derrumbe para aquello que tendremos que crear nuevamente.

Me gusta mantener una conversación por email con quienes hacen sus aportes y comentan u ofrecen sus puntos de vista, en esta obligación de cada uno tener su opinión. Qué maravilla poder compartir nuestras diferencias. Puedes escribirme a farayaurquiza@gmail.com