Esperamos cambios ¿o no?

Disculpen, pero tenemos que hablar de esto. Hay demasiadas palabras dichas en tantos lugares acerca del presente, la tecnología, la inteligencia artificial, la política, la economía, la ciencia, la validez de nuestros curriculums, los consejos para conseguir nuevos trabajos, el cómo ofrecer valor y ser reconocidos y tantas otras cosas que nos da la sensación que estamos en un mundo de cambios profundos. Pues no, no estamos en un momento de cambio, sino de resistencia al cambio. De esto publiqué un libro hace unos meses, en donde describo el proceso real de transformación humana, donde Alda, una mujer sabia y guardiana de la conciencia humana, me explica el futuro de la humanidad. Ella me explica que las pequeñas transformaciones empujan a un cambio grande, pero cambiar significa reorganizar el poder. Y quien se siente poderoso, siente la amenaza de perder aquello que lo convierte en ganador, en primero, en gran supremo, al tener que reconocer que hay otros que tienen más cualidades porque responden a un sentir y a un sentimiento humano. Hay una resistencia a escuchar a la humanidad. Hay una negación a mirar lo humano como eje central de cada actividad. Hay una necesidad de salir de las propuestas que crean mejoras y equilibrios, para beneficiarnos todos por la necesidad de imponer medidas en nombre del progreso, cuyo progreso es más una conveniencia para mantener el sistema como lo conocemos, no permitiendo la entrada de un nuevo gran sistema. Es como negar los sentimientos de amor por alguien, porque significaría destruir la realidad que tenemos, negando férreamente, destruyendo, descalificando, humillando y ofendiendo con tal de que aquel amor se vaya en vez de permitir que fluya y sea una evolución profunda.

La gran negación y resistencia nos llena de incertidumbres, ansiedades y confusiones porque hay una voz interior, una intuición poderosa, una guía interna que nos dice que debiéramos estar en un lugar del progreso personal, familiar, social, nacional y mundial, pero la realidad —al estar negada—, sólo intenta normalizar las versiones contrarias para imponer valores trastocados y manipulados como esencias de un sistema sano y libre, que en verdad no se permite florecer, porque si fuéramos sanos y libres, crearíamos para el bienestar y no para la conveniencia de unos que se creen superiores sobre otros que son definidos —apriori— como inferiores y sólo merecen la obediencia.

La resistencia evita una evolución, que pareciera que ya todos tenemos dentro. Los niños tienen una capacidad intuitiva muy superior, pero no encuentran el espacio para proponerlo porque sus ideas asustan a las familias, a las sociedades al ser desconocidas, negándolas, resistiendo a lo nuevo a través de la imposición de conocimientos y prácticas, fundamentos y versiones de un pasado que tal vez no éramos mejores pero era conocido. La falta de atrevimiento atraviesa como una flecha el corazón del que se cree poderoso.

La resistencia nos afecta cuando vivimos creyendo que progresamos cuando en verdad sólo caminamos por donde se nos hace creer. Y un poco de silencio en nuestra lengua nos facilita el poder escuchar las decisiones profundas que pareciera que están tomadas en nuestro interior. Y tal vez tengamos que romper algunas fronteras, algunas normas, algunas normalidades para movernos a espacios donde sintámoslas que aquello nuevo, aunque pareciera que nos salimos de control, enloquecemos o nos dejamos llevar por lo iracundo, permite volver al centro personal, el punto de inicio de todo para que tantas palabras, tantas cosas que nos dicen como ciertas, dejemos de hacerlas propias para que lo propio sea nuestra intuición. Por eso vienen tiempos difíciles si seguimos creyendo en lo que no es propio. Las grandes evoluciones aún no comienzan, están resistiendo por quien impone fronteras y limitaciones ante la desesperación de verse perdido fuera de su ínfula de poder.

Se que tienes tus ideas y tus visiones, que me gustará que las puedas comentar y así tener una conversación por email. Escríbeme a farayaurquiza@gmail.com