La espera

A veces hay poco que decir porque uno no tiene nada que contarse a sí mismo. Pasan los días y la rutina es la misma, como ese sol de verano que queda estático a la hora de la siesta. No estamos obligados a movernos, a crear algo, a tener que producir, a estar en algún lugar que no sea ese lugar de descanso que nos contiene. En verdad, no estamos diseñados para el estrés, porque si tuviéramos la capacidad de estar en tensión permanente, en movimiento o en actividad perpetua, el estrés no sería la causa de enfermedades, dolencias y trastornos que sí nos afecta en múltiples formas. Y sin hacer una apología del descanso, es en descanso, en placer, en calma y en gozo donde suceden las ideas, donde florecen las soluciones, donde se vuelve a soñar y levantar la mirada hacia otro camino. Eso no quita que no estemos atentos a noticias, a instrucciones y a variables que observamos, pero que muchas veces no hacemos nada con ellas más que pensar o sentir lo que sucede. Y está bien. La espera siempre trae ese otro mensaje que negamos en las tensiones del estrés, trae esa claridad que no vemos cuando estamos en angustia, y trae esa recomposición que necesitaremos para el próximo asombro que querámoslas vivir. De eso se trata en aquellos días donde no tenemos la obligación de llenar la agenda, de agregar actividades o de forzar la respuesta de otros para que aceleremos los resultados de algo que necesita ritmo y calma.

Imagina que en esos momentos de tranquilidad, suceden grandes cosas a tu alrededor. Imagina que todo está en transformación que en su conjunto son parte de grandes cambios, y que nada está dicho y nada se conduce hacia lo obvio. Imagina que en esa calma también hay quienes tienen sentimientos por ti, te recuerdan, te estiman, te añoran como cuando éramos más jóvenes y teníamos mucho tiempo. Imagina que llevas sentimientos que en la tranquilidad puedes sentir y dejarte invadir por esa plenitud. Allí nace no sólo la profundidad del gran amor, sino que nace la convicción sentimental a nuestras actividades, a nuestras posesiones y objetos que nos gustan mucho. Allí nace la conciencia de desear y querer nuestra próxima ambición. Allí está presente aquella creencia sutil que se vuelve eterna con sentimientos. Y te quiero contar que allí está aquello que también nace para mi y la dulce espera va volviendo sólido el sentimiento profundo. Ya te contaré. Por el momento, decirte que el milagro, el asombro, el deseo, la eternidad de lo que somos y sentimos, deseamos y poseemos madura en la espera. Nada enferma, nada se destruye si sabemos dedicar un tiempo de sentimientos en calma, en quietud a lo que sucederá con la fe activa en tiempos de espera. Es cierto, mueve montañas, como también cura todo.

Se que puedes tener tu opinión o tu vivencia que me quieras compartir. Me gusta mucho tener conversaciones por email. Puedes escribirme a farayaurquiza@gmail.com