El mapa de la mesa

(Desconozco del autor de esta imagen extraída de Internet)

Entre los mismos buscando un camino, siempre daremos vuelta sobre la misma mesa. Para encontrar caminos llenos de leyendas, visiones, sueños y posibilidades de hacer crecer nuestras fronteras de asombro, nuestra abundancia y sentimientos, es necesario convidar a quienes están fuera de la mesa, fuera de la sala donde está la mesa, fuera del ámbito donde está aquel lugar seguro donde habita la mesa con un mapa circular, donde por más que quieras encontrar lo nuevo, no lo hayas. Alguien tiene que existir con otro trozo del mapa que no se conoce, que es completamente ajeno al diario vivir de conversaciones circulares, para saber que hay más territorio por sobre el horizonte. Tiene que haber alguien que imagine lo que hay más lejos, mientras sólo observamos un dibujo y a otros con miradas exhortas, intentando encontrar la entrada o la salida a algo que, dentro de la mesa, dentro del mismo mapa, nunca podremos encontrar.

La mesa con el mapa es lo conocido y que ofrece la seguridad y la certeza de saber que allí está lo que esperamos. Dentro de la sala donde está la mesa, siempre los mismos, nos contamos las mismas peripecias para llegar a la misma conclusión que permite conservar lo que desgasta el tiempo, pero consolida lo absoluto y la versión más conveniente, para siempre despertar al siguiente día con la tranquilidad y la sensación de que habitamos el mismo mapa, el mismo camino, el mismo paisaje, y todo lo que sucede dentro de ese lugar, confirmando que es siempre lo mismo, sin sorpresas, sin sobresaltos, sin desagradables novedades.

Pero hay una ley universal, dentro de las leyes del caos, que dice que siempre, siempre en cualquier grupo de trabajo, en medio de nuestras amistades, algún miembro de familia, algún aliado, socio, colega, vecino o desconocido, siempre hay alguien que sigue la extraña voz que convida a salir de la mesa donde está el mapa, como si siguiera un intento de ir por otro trozo desconocido que ofrecerá novedades desconocidas para florecer el mapa de siempre. Siempre quien puede encontrar nuevos territorios, nuevos caminos, nuevas fronteras por cruzar, es quien habita entre nosotros, declarándolos locos, revolucionarios, transgresores, abandonadores, destructores, terroristas, insolentes, perturbados o iracundos, y que con el tiempo, lo conservador tomará su hazaña para hacerla propia cuando el poseído por la locura haya probado que ha llegado a la siguiente tierra prometida.

En las empresas, en los grupos religiosos, de estudio, políticos, diplomáticos, corporativos o de bien común, a los locos que ven fuera del mapa, se les retira de la mesa porque muchas de las decisiones tomadas por jerarquías o estrategas, están diseñadas con la ceguera de un mapa conocido, y aquel loco o revolucionario puede llegar a enseñar un mundo diferente. En muchas familias se apunta con el dedo a quien sigue un camino propio y desconocido que nadie en el clan ha caminado, tildándolo de traidor y mal ejemplo a las generaciones pequeñas, al poder ser una influencia de salir a buscar aquello que la mesa no permite encontrar. En muchas sociedades se instala la cultura de llenarse la boca con palabras como justicia, libertad, prosperidad y progreso, sólo entre los nuestros, los participantes del mapa y sus creencias, evitando las diferencias para que, tal como hace el racismo y el clasismo, excluir a los que podrían tener esa parte del mapa que mejor no revelar, para que, quien hace de mayor conservador y líder, conserve su status y su prestigio, para el bien de lo conocido, y evitar el mal de lo desconocido.

Advierto tener cuidado con los mapas. Con todos los mapas. El mapa enseña el territorio, pero no lo es en realidad, porque un dibujo no es la propiedad, sino su declaración de pertenecer a alguien. Un mapa ofrece una conquista de certezas que se vuelve veneno cuando deja fuera todo lo que está por conocerse. Lo realmente interesante de un mapa es lo que no está dibujado, lo que falta por caminar, lo que aún no se tiene novedades, y sobre todo, la posibilidad que el mapa seguro y certero sea un engaño de alguien para hacernos creer que caminamos sobre lo conocido, para que sólo llevemos en el tiempo algo que mañana despertará la curiosidad de otros locos que irán tras el verdadero oro.

He sido convidado varias veces a mesas con mapas en empresas y organizaciones, donde los que se sientan alrededor sólo conocen ese mapa, asustándose en el alma cuando ven a un viajero que trae otros paisajes, otros sueños, otras visiones, que menospreciarán y desprestigiarán ante la amenaza de aportar lo que, quien se considera relevante, pierda su poder sobre lo parcial. El viajero no viene a destruir, sino a colaborar en la humildad de quien sabe que el mapa es una parte y que el resto de los trozos ocultan las verdades verdaderas, que a veces negamos, tachamos de desquiciados, haciendo que nuestra opinión descalifique a quien, con su locura y su humor propone justamente lo contrario a lo que el mapa nos fue enseñado. ¿Qué es lo que aporta a la vida, a los negocios, a la fe, a la búsqueda de maneras de vivir que permitan el progreso? Justamente los trozos del mapa que faltan, porque los mapas que tenemos y vivimos, sólo nos han traído hasta acá, a la orilla de las conveniencias para explicarnos entre nosotros los mismos de siempre, lo de siempre para que vayamos a contarle a los otros que hay un mundo conocido y un terrible mundo desconocido que sólo los locos se atreverían a caminar.

Es curioso que, cuando hablas con padres de familia que ven la fuerza de sus hijos con orgullo para conquistar y progresar más allá de lo que ellos podrán alcanzar, sueñan con la locura del que abandonará los mapas conocidos, pero luego preferirán que caminen por lo conocido. Todos quieren que sus hijos sean genios, pero nadie desea que vivan la vida de los genios, sino que vivan la tradición conocida, el deambular por el mismo mapa.

Son tiempos de viajeros, de nuevos mapas, de nuevas mesas, nuevas palabras y nuevas formas. Nada es bueno ni malo. Diferente. Son tiempos de quien, a través de las iracundas formas, moverán las arenas del camino para ofrecer nuevos trozos, que no necesariamente son verdades y joyas, pero traerán las pistas que hacen el descubrimiento de algo mayo, que en el anonimato llega a nuestras mesas, para otra vez, sentarnos entre nosotros y contarnos nuestras nuevas certezas que envejecen con el tiempo hasta que lleguen nuevamente los que vienen de otros mundos.

Recomiendo no dejar fuera al que lleva la diferencia en todo o en un aspecto de su versión. Es el loco que trae la pieza que falta. Hoy, en tiempos de cosas a medias, cualquier loco puede traer consigo la llave a aquello que, más allá del bueno o el malo, abrirá una puerta para encontrar nuevos mapas, y no conservadores disfrazados para la fiesta. Y si quieres ser famoso, cuéntale al mundo cuántos locos conoces, cuántos locos sueños has escuchado, y cuántas fascinaciones te asombraron más allá de lo conocido. Hazte grande permitiendo que los que llevan realmente la mirada fuera del mapa, te hagan grande.

Me encantará conocer tu opinión, tu visión, tu sensación acerca del mapa que caminas todos los días y cómo haces para levantar la mirada hacia nuevos horizontes. Escríbeme a farayaurquiza@gmail.com