¿Cómo te imaginas bien?

Basta de reclamos y descripciones de crisis, tormentos, injusticias, desencuentros, discrepancias, dolencias, angustias, postergaciones, negaciones, incertidumbres que sólo describen el momento poco conveniente del presente, entendiendo que aquellas situaciones no estaban previstas o nunca quisimos estar aquí. Pero tenemos que establecer que todo el presente lo decidimos en el pasado, lleno de detalles y aristas que, otros también decidieron su parte, haciendo que el conjunto de decisiones sea el resultado de lo que tenemos hoy. Cuando hay dos lobos enfrentándose, uno más rabioso y el otro más manso, ¿quién gana? Siempre gana el mejor alimentado. Y el presente sucede en función de quién alimentó más el optimismo o el miedo, como otras cosas que podemos alimentar todas nuestras contingencias.

Y hay una situación muy curiosa acerca de cuando preguntas el cómo imaginas el bienestar. Las personas demoran en responder. ¿Cómo imaginas la fiesta de celebración cuando te den de alta en tu dolencia? ¿Cómo celebrarás el triunfo que vivirás después de tu animado esfuerzo? ¿Cómo te premiarás después de la monotonía que te llevará a un nuevo estado de realización? ¿Cómo jugarás o disfrutarás después de la espera? Si no podemos imaginar, no podemos creer lo que vivimos y viviremos. Y sin creencia, los objetos, las decisiones, los sentimientos, el valor o la conveniencia, no tendrán alma o fuerza para animarse y conducirse por lo que creemos profundamente.

Creer es un acto que construye realidad, y el futuro se construye cuando nuestra creencia es poderosa, es sólida, sin gotas de duda, sino de certezas intuitivas que estamos comprometidos con lo que hemos descrito en nuestra imaginación. Creer es el alma de todo, es lo que anima a vivir todos los finales de año la fiesta de Navidad, donde nos prestamos a creer en la leyenda de quien nos traerá regalos, decorando y poniendo disposición de celebración en medio del cansancio o el agobio. Creer es la sustancia de energía que permite ver el mundo desde una idea que llevamos como cierta. El ciclista verá la realidad desde la pasión de su bicicleta. El financiero verá la realidad desde la certeza de lo que cree del modelo económico. El artesano ve la realidad desde la sensibilidad de lo que cree cuando teje su manta. El ingeniero, el matemático, la monja, el policía, ven la realidad desde lo que creen. Incluso no necesitamos tener una profesión, porque los niños ven la realidad desde lo que creen, los exploradores, los indígenas, los chamanes, los magos vemos la realidad desde aquello mágico que tocamos con símbolos, cantos y movimientos.

Cuando creemos con poder, imponemos en la realidad nuestra presencia, nuestro temple, nuestro coraje para alimentar nuestra certeza del mañana que no tiene chispas de dudas, sino esencias de verdades que a veces nos creamos para torcer los destinos. Caminamos sobre lo que ayer nos contamos de nosotros mismos.

Me gusta mucho responder y tener conversaciones que hacen bien con quien opina, cree o aporta diferencias o detalles para constribuir a que aprendamos todos. Gracias por ello. Puedes escribirme a farayaurquiza@gmail.com