¿Por qué los tiempos han dejado de ser tan dulces, brillantes y grandiosos? Porque vas caminando por tiempos adictivos a la espectacularidad en momentos donde no te esconden el éxito y su majestuosidad, sino tiempos que dejaron de ser brillantes, volviendo a su cauce normal. Y al contrario, creíste que la vida se vuelve una desgracia en sus rutinas, sus mediocridades y sus carencias, como si fuera un castigo divino o un karma que tienes que sufrir. No es así. La vida busca equilibrios, y en estos tiempos, todos estamos saliendo de la falsedad de la espectacularidad, de las ambiciones desenfrenadas, de los excesos, para entrar en la sensatez, la madurez y el bienestar interior.
Querrán que vuelvas al cauce del sensacionalismo, porque querrán que desees ganar el dinero rápido, que tengas más cosas, que vivas con más adicciones, porque son buenas para el mercado, intentando que no reflexiones, que no tengas conciencia, que creas en quien dice que tienes que votar por él para que siga alimentando tu falsa grandeza.
Creíste que la esencia es ser el mejor, cuando en verdad es hacerlo bien. Creíste que tener era una medida, cuando tener poco hace el viaje más liviano, pero de lo poco, puedes tener la calidad que mereces. Y no es un asunto de humildad, es un asunto de merecimiento.
Volverás a entender que todo el asunto del presente y de los meses que vienen, se trata de inspirar. Inspirar no es una profesión ni un talento. Es una condición innata que no nace de ti, sino que es un efecto que produce tu actuar con honestidad, porque hasta los que fracasan inspiran cuando son honestos en su actuar, aprendiendo que el error los vuelve más sabios. Así en los sentimientos, en la crianza, en los liderazgos. No necesitas forzarte a que los demás hagan lo que tu haces, a que crean en lo que tu crees, a que se dediquen a lo que tu vocación se dedica. Pero el efecto de tu ánimo, tu voluntad, tu motivación, tu dedicación, tu temple, tu temor, tu duda, tu reflexión, tu sentimiento, tu fe, visión y tu apuesta, crea un efecto en otros para que sean propios de sí, inspirándolos a ser una buena versión de sí mismos.
Si no vas a dedicarte a tu honestidad y tu autenticidad en lo que crees, sientes y haces, mejor retírate de la iniciativa que impulsas. Inspirar o salir, es la consigna. Pero te advierto que quien se proponga inspirar, ser un modelo, o querer tener seguidores por el hecho de que haces el bien, te equivocas, porque las personas siguen causas y no caretas. Y si no te dedicas un tiempo -este tiempo- a cultivar tu verdad, tu certeza, tu fe, tus sentimientos, separado de lo que dejó de brillar, dejarás de inspirar, dejarás de estar en la inspiración de alguien te ve anónimo, porque se trata de que no recuerden tu nombre, sino tu ejemplo.

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