En tiempos como estos, cuando piensas cosas demasiado osadas o rupturistas, cuando imaginas lo imposible y aún así caminas por ello; cuando dices cosas peligrosas pero honestas, creyendo lo que pronuncias con verdad y sin llegar a defender nada porque no tenemos que creer en lo mismo; cuando sientes que a tu alrededor hay demasiadas personas sospechando de tu siguiente paso, porque ya saben que en cualquier momento das un salto al vacío, entonces podemos confiar en ti.
Ser auténtico es un compromiso que pocos asumen porque generalmente no sigues la manada que va detrás de la ropa de moda, que escucha y baila lo que todos escuchan o bailan, que se contenta con cosas muy únicas y probablemente nadie sabría regalarte algo que te fascine. Ser de aquellos que demoramos en enseñar nuestras esencias, al punto que las personas demoran en conocernos totalmente cuando logran saltar sus prejuicios y vanaglorias, cuando confirman que te debes a ti y que no lloras por compañía en la soledad de las tardes de domingo. Sabemos jugar en solitario y te puedes olvidar de la hora cuando tu juego se vuelve apasionante, y puedes regresar un lunes con más ideas frescas, con más entendimientos diferentes, con más pasión por tu silencio y tu actuar sigiloso. Cuando prefieres té de hierbas, cuando comes saludable luego de confirmar lo que da calidad a tu vida, cuando no necesitas comprar compasivamente para no romper la austeridad de lo necesario, entonces podemos confiar en ti.
Pocos han entendido el poder de tus propias maneras. Eres de los que proponen cosas que crean distinción y sólo te contentas con la calidad superior, llevando esa elegancia a la picardía de un camino atractivo cuando se trata de buscar soluciones o salidas a los problemas. Y probablemente no seas del gusto de quienes no quieren ideas propias, inventivas candentes, iniciativas llenas de pasión cuando se trata de una estrategia o el diseño de un plan lleno de novedades. Porque hay quienes desconfían de la creatividad, porque cuando te contratan, no buscan tu frescura e ideas, sino buscan la obediencia para que la esposa del jefe o el hijo del dueño sea quien tenga los grandes aplausos, y tu sólo la obediencia de un anónimo lazarillo.
La mente necesita peligros, y los libros de autoayuda te sugieren una vida en calma y aislada de la realidad, cuando la vida necesita peligros, porque sin aventuras no hay esa sensación de vencer imposibles, y terminar sintiendo que eres alguien mejor por el sólo hecho de atreverte a resolver lo que el resto sólo intenta repetir lo aprendido en casos y fórmulas de marcas y ejemplos de realidades foráneas. Qué triste es ver a aquellos que sólo adaptan y copian lo probado y seguro, porque buscan los aplausos probados y los likes seguros repitiendo lo de otros.
Podemos confiar en ti cuando haces el intento de ser tu mismo. Porque es un intento permanente y no un lugar donde te confirmas. La confianza se gana con atrevimientos honestos. También se pierde cuando dejas de ser peligroso en el buen sentido de la palabra, porque peligro significa desconocido, único, atrevido, desfachatado y cierto de ti y lo que sabes, queriendo aprender lo desconocido para volverlo parte de tu mapa de experiencias. Mientras más peligros vivas, más grande será tu mundo, y el mapa que dibujas guiará a otros que van con la cabeza agachada buscando tus pisadas. Y espero que te alejes de la palabra vehemente e iracundo, porque son las palabras de los falsos osados que son más una forma y una postura alternativa que esencia y fondo de autenticidad. Te lo digo porque también lo fui en el pasado, y no me avergüenzo de haber caminado lo falso para llegar a lo verdadero, o lo que parece propio, porque así llegué hoy a confiar en mi, reconociendo a otros, y tal vez a ti, que vas con sus historias haciendo leyenda.

Siempre es bueno leer tus ideas y comentarios. Y ya son cientos los que me envían por email sus letras que se van transformando en conversaciones que enriquecen nuestra vida. Puedes escribirme a farayaurquiza@gmail.com