Sobre la ambición

Llevo más de 25 años escuchando a las personas acerca de sus conflictos personales, emocionales, vocacionales, espirituales y sentimentales, teniendo la sensación de que las personas iniciamos nuestros tormentos al sustentar nuestras creencias, nuestro actuar y sentir en puntos de partida errados. Todo está en el asunto aquel del “desde dónde creemos lo que creemos, y desde qué valor actuamos y construimos la ambición en la vida”. Creímos que la verdad era la que estaba contenida en las expectativas de los demás porque nos aconsejaron, nos guiaron o nos inspiraron de determinada manera, asumiendo que los demás ya caminaban por lo cierto -oh, gran error-, construyendo silenciosamente la sensación de fracaso, de frustración y de decepción, al intentar realizar lo que otros hicieron supuestamente “bien” que, mientras más lo intentamos, más infelices fuimos.

Intentamos la vida de otros y sus promesas, sus ejemplos y sus expectativas, confirmando lentamente que el mejor del curso nunca fue el exitoso en la vida, que el esforzado y sacrificado nunca consiguió la felicidad, y que quien dedicó su vida a las promesas de las corporaciones, nunca consiguió aquella estabilidad y realización, porque la estabilidad y la realización sólo la podía obtener el dueño de la organización a la cual nos desvivíamos. Con esto, develamos nuestra posición en el mundo y en la vida, pudiendo reorientar nuestra fuerza hacia el equilibrio sin crear una revolución destructiva, sino que pudiendo construir un equilibrio sano para volver a estudiar los puntos de partida de todo lo que creemos, estando dispuestos a dejar de desvivirnos por promesas torpes y manipuladas por quien desea que realicemos algo para ellos en nombre del hacerlo para nosotros. Volver a ese equilibrio, permite salir de la ceguera de quien, al desvivirse por metas y objetivos, dejó de lado su vida personal, y que al momento de necesitar refugios básicos de estabilidad emocional y espiritual, no los tenía desarrollados, sintiendo que se ha desvivido por otros abandonándose a sí mismos.

¿De qué sirvió darlo todo por la organización donde trabajamos, si al momento de ser reemplazados, nos damos cuenta que no pudimos tener una casa, ahorrar lo suficiente, desarrollar habilidades y hobbies, vivir experiencias llenas de sentido, tener una vida espiritual y amistades sanas y profundas, si nunca hubo tiempo para aquellas cosas? Crea tanta rabia y frustración, que maldecimos a las generaciones más nuevas, tratándolas de vacías y sin compromisos por el sólo hecho de haberse dado cuenta que la vida de sus padres es vacía y desproporcionada, intentando que vivan la misma desgracia sólo para que todos tengamos la misma frustración. Entre tristes nos entendemos. Entre vacíos nos acompañamos. Entre frustrados nos apoyamos, porque nos es muy difícil entender a los que sólo buscan su alegría y sus valores personales muy distantes de los que motivaron a las generaciones mayores. Y puede que se equivoquen, pero alguien tiene que cambiar todo esto, para descubrir nuevas rutas de vida que, tal como hace siglos, llevó a descubrir el nuevo mundo. Los verdaderos héroes de la vida son los pioneros de la aviación que ahora vuelan por cielos desconocidos buscando nuevas promesas, nuevas experiencias, nuevos lugares en el mapa de la vida para traer a su vida la riqueza que nunca estuvo en las prioridades de quienes tenían expectativas de esfuerzo, sacrificio y angustia, y construyeron su motivo de vida en función de la postergación que, llegando a la vida anciana, lamentan la locura desechada y la irreverencia desperdiciada. Pero ante la sutil envidia que provoca eso, preferimos seguir motivando el sacrificio y el tormento sólo para poder tener igualdad de maldiciones para hablar el mismo idioma de la frustración.

Ahora es cuando. Sí, ahora es cuando podemos volver a dibujar nuestro mapa, pero en especial, volver a poner los puntos de comienzo de todo en función de un nuevo orden que responda a lo que soñamos de nosotros mismos. Porque nunca podremos ir hacia algo si antes no lo soñamos. Nunca podremos encontrar el camino de la realización si antes no nos soñamos realizados. Nunca podremos encontrar el sentido de la plenitud si no nos soñamos plenos. Y no se trata de construir fantasías de nosotros mismos, porque ya sabemos que la fantasía es lo que nos dijeron qué era aquello correcto. Ya sabemos que hoy en día, estamos muy lejos de aquello estable, cierto, propio y ambicioso, porque preferimos vivir la expectativa de otros con tal de hacerlos felices, en vez de atrevernos a cruzar las fronteras de lo que nos espera en otro lado.

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