Somos los que creemos

Creemos demasiadas cosas que sólo defienden nuestras propiedades y valores con creencias que van debilitando sus fundamentos porque no alimentamos la emoción de tenerlas, celebrarlas con alegría o vivirlas con total honestidad. Los rituales permiten agradecer el creer lo que creemos. Y a veces es en los brindis de los viernes, en la velita que enciendes en tu privado altar, o el volver a lo que alegra con preparación y devoción. A veces creemos y damos por cierto lo que creen los que nos interesan o convienen. A veces creemos lo que no hemos vivido o experimentado. También, a veces dejamos de creer, y cuando eso sucede, es como si la energía que nos mantiene firmes desinfla nuestra alma, desfalleciendo en el sinsentido, incluso buscando lo innombrable. ¿Y si estos días hacemos el esfuerzo de poner la mirada en lo que soñamos con ambición, con deseo, con un estado de alegría por saber que hay esperanza? Porque muchas veces nos encontramos defendiendo lo que tememos perder, en vez de emprender la fuerza hacia lo que nos realiza. Se trata de vivir a favor de lo que sentimos y queremos, debilitando todo lo que amenaza lo que amamos. Y puede volverse un sentido de vida el dejar de poner atención a lo que altera o perturba, porque cuando pones tu fuerza en la defensa, agradas y agrandas lo contrario.

Lo que nos mantiene vivos y conscientes como humanos son las emociones que construyen nuestras creencias. La razón existe para contemplar está devoción, aportándole razones y contenido que nutre y renueva aquello que nos emociona. Y claramente, lo que somos es lo que nos da satisfacción, haciendo del viaje de la vida estaciones en las cuales vamos cargando de sentimientos para emprender otra vez. La esclavitud no tiene permiso para esto, y a veces somos esclavos al negar los sentimientos y las reflexiones llenas de gusto, cambiándolas por esfuerzo y sacrificio desmedido, creyendo que así seremos valorados. Lo realmente valioso, es la reflexión que nos ha alimentado durante el viaje, haciendo de la libertad la capacidad de poder tener comprensiones, sentimientos y esperanza en lo que vivimos. Hay presos que nunca dejaron de leer poesía, y mantuvieron su ser conectados a un lugar donde nunca pudieron encerrarlo. Hay quienes viven defendiendo la productividad como mecanismo de vida, haciendo de la ambición desmedida la moneda de cambio que construye un tesoro que sólo dura lo que la luz permite su brillo. Luego se vuelve opaco en la oscuridad y la soledad.

Creer, y creer con ganas y voluntad, nos completa. Y creer es aquello que mueve lo imposible dentro de lo posible, renovando las ganas de seguir creyendo, cuando en el ritual, en la ceremonia, en la pausa, en el brindis, en cualquier celebración nos permitimos reflexionar sobre ello. Y el peligro es creer en lo concreto, en lo alcanzable, en lo cercano, porque hace que el viaje sea corto, devolviendo el vacío y la desdicha de perder el mapa. Por eso, las creencias infinitas, imposibles, míticas y místicas nos permiten mantenernos allí, en total atención cuando se trata de vivir en plenitud y no defender con tenacidad. Y en estos días, días de mirar para dentro, más vale ver lo que celebraremos, porque lo que tenemos de defender define su existencia en manos de otros, las que no podremos elegir. Ser las creencias que nos reviven es el Ser que nos construye todos los días.

Me encantará leer tus comentarios y aportes, en especial porque no tenemos que pensar lo mismo, pues al alimentarnos de las diferencias, nos vamos uniendo más. Escríbeme a farayaurquiza@gmail.com