Son días donde nos hacemos juicios y preguntas. Y si es el juez interior quien te interroga, saldrás reprobado en todos los exámenes, porque no hay más severo juez que el que llevamos dentro. Y son días donde el interior siente un poco de calma o abandono, y podemos tener tiempo y silencio para volver a repasar las preguntas no respondidas. Y nos juzgamos. Y volvemos a repasar viejas conversaciones, hechos, encuentros y desencuentros, como si pudiéramos cambiar algo de lo sucedido, o lo que recordamos, porque hay que aclarar que nuestros recuerdos cambian según el juicio que nacemos, porque sólo nos importan los hechos que tal vez al resto ya ha olvidado. Desconectamos un poco o cerramos las compuertas del exterior. Buscamos amistades que están de viaje. Intentamos terminar algunas tareas. Nos llenamos de papelitos con listas de pendientes. Y entramos en ese espacio donde nos envolvemos en el manto del cuestionado. A veces no es tan dramático, sino simplemente son momentos donde repasamos nuestras palabras y las exageramos. Sólo le importan nuestras cosas a quienes les debemos algo o tenemos algo de valor. Sólo nos juzgan los que juzgamos.
Estos días podemos tomar esta energía con otra actitud, al proponernos no ser tan duro con nosotros. Y proponernos ver críticamente lo que nos rodea, pero evitar concluir con un juicio moral, ético, social, cultural, racial o lo que queramos. ¿Por qué hacer tan grande esos asuntos que no podrán volver? Al ser conscientes, agradecemos, y nos dedicamos a caminar sobre la conciencia del agradecimiento de poder tener esos minutos para evaluarnos, pero sin juicio ni sanción. Nada está mal porque las cosas se presentan como son, y fuimos mucha emoción (que lo somos) y ahora somos enjuiciados por nuestra razón (que siempre llega tarde). Y también, días donde podemos dejar de sentirnos ofendidos, menospreciados, criticados. Sólo critican nuestros actos los que quieren algo de nosotros.
¿Sabías por qué las empresas y las organizaciones te evalúan? Para mejorar. Pero tenemos ese juicio de la evaluación infantil donde seremos reprobados y castigados no sólo por el profesor, sino también por las expectativas de los que confían en nosotros. Pero los adultos no hacemos eso. Evaluamos para que, con los mismos elementos del presente, tomar acciones que superen los conflictos y errores. El juicio final y las sanciones llegan cuando después de varios intentos, no lo hemos entendido, y comenzamos a ser el problema que agranda el problema.
Nada es tan personal como creemos, ni nada es tan grave y peligroso como vemos o nos dicen. Vivimos días de expectación, donde desproporcionamos todo por ese silencio y esa calma, ante la fascinación de no tolerar la quietud al asociarla a ese silencio de la sala del tribunal que dictará tu sanción. Sólo son días de mayor silencio porque hemos bajado el volumen de lo que no queremos escuchar o nos tiene cansados. Y esto será un problema para los líderes, porque pueden tener buenas noticias, pero después de tantas exageraciones, no queremos escucharlos. Y preferimos el retiro, el silencio. Nada de deprimirse, porque son tiempos para ser honestos y conscientes, nada más. Nada tiene respuesta y nada tiene significado. Sólo tiene hechos que no cambiarán, y actitudes que pueden mejorar y mejorarte.
¿Cómo mejorar? La risa es el mejor químico que podemos usar en estos días. ¿Sabías que somos los únicos mamíferos que sonreímos? La risa nos conecta con aquello que nos entusiasma, y nos permite quitar la importancia personal de nuestros hechos y vivencias, para que esa poca importancia nos devuelva el coraje de ser los que somos. Y para quienes notan ese desánimo en las actividades, tenemos que recordar que la fuerza está después de la fiesta. Y no significa que tenemos que reventarnos de fiestas para volver a trabajar. Sólo necesitamos agradarnos, sentirnos bien vestidos, limpios, pero también con alegría de ver y escuchar cosas con humor y conversaciones triviales. La risa al final curará al planeta, en medio de un mundo donde nos quieren atemorizados y deprimidos, porque ya sabes, quien es feliz es un mal consumidor de falsas necesidades. Y cuando te sientes juzgado, podrías consumir todo lo que no necesitas, con el dinero que no tienes, para agradar a quien no conoces.

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