Lo cierto es…

Demoraremos en saber si escuchamos lo cierto o caminamos hacia el engaño. Y es como si las verdades, para que sean verdaderas, tienen que hacer sentido dentro de nosotros. La verdad no existe porque siempre está en repaso. Lo que existe es nuestra versión y nuestra sensación de que hay algo cierto. Y demoramos en encontrar aquello, hasta que primero nuestras creencias se vuelven ciertas, sin chispas de duda. Con esa certeza, caminamos lo cierto. Y en estos tiempos, donde vamos de salida del pasado, nos obligamos a volver al orden que nos conduzca a las nuevas versiones que nos darán certeza. El silencio ayuda. También el conversar profundamente con quien hace preguntas no para ser respondidas, sino para que muevan de lugar nuestras comodidades.

Porque nuestras versiones son fáciles y cómodas, y de ellas depende que evolucionemos hacia una mejor versión de nosotros mismos. Y claro, dar permiso a los más jóvenes a que puedan tener sus propias versiones de todo, que por lo demás, son los que van delante de nuestros ojos. Sabremos disculparnos por ya no creer en aquello, para entender que hemos madurado con nuevas visiones de nuestro ser y nuestro presente. Porque querer ser siempre los mismos es querer que nada evolucione, arrastrando a los demás a la exigencia de lo antiguo. Y quedaremos solos, juzgando a los demás de la culpa de haberse alejado, transformado, evolucionado, entendiendo al final que nada quedará sin ser revisado y luego vuelto a explicar.

Y no se trata de poner en duda nuestra existencia y nuestras explicaciones. Sino entender que para vivir, tendremos que aceptar el cambio de aquello que nos pesa, que nos enfurece, que nos entristece, que nos enferma. Aceptaremos que no tenemos la verdad, y que aquello que alivia, que da abundancia, que nos renueva y nos vuelve auténticos, está en la nueva versión de lo que nos vuelve al presente con la humildad de sonreír a lo anterior y presentarnos listos para caminar por nuevos desafíos y presentes.

Todos estamos en los mismos presentes, leyendo los mismos diccionarios que nos ofrecen las mismas definiciones. Pero esperamos movernos hacia el progreso personal y grupal que sólo lo permite la nueva versión de nuestros sueños y de nuestras ganas. Ya nuestro reino será de otro libro. Nuestro sentido puro, aquella voz que nos habla con sinceridad en el diálogo interior, agradecerá las nuevas palabras, las nuevas aventuras, las nuevas actividades, las nuevas fuerzas para que los nuevos desafíos tengan nuestra disposición a volver a describir lo que nos da paz, belleza, amor y sentido de vida.

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