Facilidad

Son días donde se nos facilita el caminar. Sí, se desenvuelve todo para nuestra facilidad, pero dudamos, porque no fuimos entrenados para la facilidad, sino que fuimos buenos alumnos del sacrificio y el tormento, e insistimos que la delicia, el tesoro, el placer y el amor están después del conflicto. Y hay quienes practican esto como un dogma divino para alcanzar el paraíso perdido y transformarnos en los héroes o heroínas, porque aprendieron de falsos maestros y de distorsionadas tradiciones, que quien no lucha con sudor no merece el trofeo, desvalorizando lo que se nos ofrece con facilidad.

Estos días estoy ayudando en sesiones individuales a algunas personas que, coincidentemente, viven relaciones tormentosas porque han elegido el tormento como forma de vivir, o son receptoras de la angustia de otros, teniendo prohibición de la facilidad y la dulzura de lo que está para ser disfrutado. Es como un castigo a través del conflicto para luego sentir la quietud y el agrado del sacrificio al momento de recomponerse, que más tarde se transforma en culpa, y vuelve otra vez el ataque y la desesperación por destruir, perturbar, confundir, atormentar para que los demás vivan un esfuerzo exagerado, o se comporten perversamente, y así la perversión se instala como valor esencial de todos los tormentos.

Yo viví eso en vida. Y me prometí nunca más tolerar a quien me exige sufrimiento para disfrutar en la imaginación del “después”. Cuando te golpean como parte del sacrificio, cuando te orientan al tormento, te confunden y te bajan el autoestima, viviendo un circuito de falsas excusas y en la ilusión de lo ideal, es porque estás en un lugar muy tóxico, donde las bondades del buen tiempo, la facilidad, la suerte y el deleite de disfrutar las decisiones que nos llevan por caminos prósperos, se prohibe por miedo a lo simple y fácil, miedo al quedar solo, miedo a la duda de haber conquistado algo que tal vez no merecemos.

Son días para decir basta. Y elige lo que se facilita, lo que nos proponen, lo que se dispone como bondadoso, como generoso, como dulce y simple, donde aplicas tu inteligencia ganada con años para conducir esos regalos. Pero también, cuidando a la sombra temerosa que todos llevamos dentro, porque se pone a hablar dentro de nosotros creando dudas porque probablemente navegamos por la marea desconocida de ríos que sólo sabemos que llegarán al mar. Ningún marinero se ha entrenado en aguas mansas. Pero también todos los marineros conocen el dulce viaje del mar generoso, aunque su entrenamiento siempre fue para luchar contra un enemigo que muchas veces no existe. Sólo vive en la mente de quien tiene miedo, arrastrándote por líos y laberintos inventados.

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