Fuimos sembrados para ser árbol

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Sin excusas, sin pretextos, sin razones, sin argumentos… viniste a esta tierra a florecer, a ser árbol y parte de un bosque. Llevas en tu interior todo lo necesario para dar a los demás todo lo que recibiste de alguna manera… a veces con más amor, otras con lecciones.
Ser una semilla que florece, es una instrucción divina. Estás para algo que no significa rentabilidad, ni likes en las redes sociales. No viniste a ser famoso, no viniste a que te aplaudan, ni tampoco a hacer el bien, y menos el mal. Ser lo que florece es tomar todo lo que hay dentro de ti, y decidir ser como eres… así, algo enojado, algo voluntarioso. Sin importar nada a nadie que te vigila, que te controla, que te cuida o que te aconseja.
Florecer es un mandato, es una obligación. Es comenzar las veces que sea necesario para que tu follaje, tus hojas, tus frutos sean semillas para otros. Ahora que has comprendido tu misión esencial, comprendes que está en un bosque con otros que entendieron o están por entender.
Abandona las modas, las tendencias, los ejemplos, las frases hechas, los libros que ayudan, los consejos de congresos y formaciones que aseguran que serás el mejor. Ya eres el mejor, y eres un éxito ser ser una semilla que en su corazón recuerda el bosque que formará.
Viniste a florecer, a surgir junto a otros. Y ahora que te sientes el árbol que da frutos, que da sombra y que se prepara para ser madera, comprende que eres eterno al abrazar con amor al bosque que te rodea. Porque más allá del tipo que has logrado ser, eres común, silvestre, natural y propio de ti, que ahora deja huella, deja frutos, deja otras semillas que tendrán que hacer lo mismo, mientras tu, algún día, eres parte de la energía eterna que impulsa el bosque eterno de la vida eterna.
Que nada te importe, que nada te espante, que nada te atemorice. Eres, con propiedad, y con eso basta.

(Arcano sin número, The Fool, más conocido como El Loco, el que viene no recordando de dónde, pero viene, y el que va sin saber dónde, pero va. Pertenece a un mazo que me regaló James Forrester, mi maestro, mi mentor, mi guía por estos días)

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