Estamos de suerte. Sentimos que lo fortuito trae buenas noticias, obligándonos a reaccionar y tomar lo que se nos ofrece. Claro que es la medida de nuestras ambiciones porque no todo podremos alcanzar, ya que servirá para entender nuestra capacidad de persistencia y dedicación a lo que sólo con constancia se consigue, como también entender la madurez de nuestras habilidades y confianza interior. En este aspecto, pareciera que se presentan posibilidades que son el resultado de nuestras creencias y fe, ya que creer con bondad, con humildad y con devoción anima a lo invisible a poner frente a nuestras manos lo que ahora debemos saber administrar, gestionar o concluir. Aunque a veces son finales estruendosos, donde no entendemos por qué se acaba lo enviciante, lo que ya está podrido o lo que excede la sensatez. Hay asuntos en que nos hemos acostumbrado a la desvalorización, a la humillación o a la indolencia, que sentimos que es injusto que la vida nos quite lo que nos hace daño, sólo por el hecho de que es conocido, presentando nuestro temor ante lo desconocido que trae beneficios. Preferir la enfermedad por saber vivir con ella hace que la salud sea peligrosa para nuestros hábitos y nuestro adormecimiento en la vida del progreso. Llega el momento donde la suerte hace su magia, y sin explicarlo bien, tendremos que entrar en caminos que sólo mejoran la conciencia, por lo que ver todo como bueno o malo, sólo es una valoración parcial a lo que nos ajusta en la vida.
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También, con cierto desenfreno, hay un impulso hacia liberarse de asuntos que perturban. Es el momento de tener coraje para sentir que no dependemos ni tenemos obligación con lo que nos da tormentos. Los adultos sabemos elegir, entendiendo que una elección no es para quedar bien con todos, sino quedar bien con uno mismo. Con la elegancia y el criterio de las buenas costumbres, sabremos poner distancia a lo que dejaremos atrás. Más adelante, entenderemos que, cuando contamos nuestra historia, la versión se vuelve dulce al comprender que un dolor era sostenido por nuestra necesidad de tener, pertenecer, temer o insistir en lo que mañana será sólo una anécdota. Sólo el impulso y la búsqueda a sentirse libre de historias ajenas, nos pone en la aventura de buscar nuevos rumbos. Cuidado con creer todo o sólo ver lo que nos da ventajas. La sombra habla más de la responsabilidad que del tamaño. Esto quiere decir que no todo lo que brilla es oro, sino que cada brillo ofrece sombras que permiten dimensionar con mayor certeza que una aventura, por traviesa o leve que la veamos, puede ponernos en el lugar incómodo de la historia. La curiosidad tiene sus reglas, y espero que hayas leído acerca del respeto y los límites de nuestros principios. La ética es belleza, que pide al atrevimiento orden y certeza.

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