Nos cuesta entender por qué estamos rabiosos, algo intolerantes, con sentimientos inestables, culpando a lo que nos rodea de las sensaciones que no terminan de ordenarse. Nadie nos ha dicho que estamos diferentes, y que buscamos lo de siempre, lo anterior, lo conocido en tiempos donde todos hemos cambiado. Por eso, es una semana para hacer el estreno de nuestra nueva manera de sentir donde podemos llegar a sentir que nos desconocemos. Volver a educar nuestros sabores, nuestras respuestas, nuestras comprensiones del momento global y particular ayuda a que las iniciativas tomen forma y abundancia en corto tiempo. Porque son muy buenos tiempos para iniciar algo con ganas y entusiasmo, pero el real, entendiendo que todo lo que iniciamos sentimentalmente, laboralmente y personalmente está bendecido por las ganancias si somos profundamente auténticos. Es decir, el amor, las amistades y el dinero llegan si somos y realizamos nuestras nuevas formas con total honestidad, alejándonos del qué dirán o del querer parecer. Toda gota de manipulación, de cinismo, de parecernos o de querer ser cuando no somos, despierta el miedo y la inseguridad, ofreciendo lo contrario, lo que no avanza, lo que se posterga, lo que se deshace, al carecer de honestidad personal. Es un buen tiempo para renovaciones sentimentales al conocer nuestros sentimientos por nosotros mismos. Somos queridos y amados por ser como somos y no por parecer lo que no somos. Somos recompensados por hacer y dedicarnos a lo que nos fascina, y somos empobrecidos por hacer obligaciones que no se identifican con nosotros. Somos excluidos por imponer nuestras soberbias y altanerías, en vez de ser incluidos por ser auténticos y propios. Así, tal como somos, con lo que tenemos, con lo que nos falta aprender, con lo que nos identifica realmente. Esta es la clave de estos tiempos, de estos meses que se abren. Y por eso podemos entender la convulsión del mundo al tener cada vez más conflictos porque escuchamos propuestas, planes amistades y enemistades ocultando los reales intereses. Eso oculto despierta el miedo, el desequilibrio, el poder exagerado, la soberbia y la fanfarronería ante lo que probablemente no resulte, fracase o termine a la suerte de quien nuevamente insista con otra conveniencia y no con honestidades reales. Mundialmente, hay mucho interés en ganarle al otro con deshonestidades y falsedades, donde el otro responde con otras altanerías que suben el nivel de desconfianza. Vamos hacia dentro para protegernos, y conocernos nuevamente por dentro. Allí hay refugio mientras pasa el tiempo de conflictos, siempre agradeciendo por estar bien, con compasión por quién sufre la soberbia de otros. Algunas advertencias adicionales: cuidado con lo que decimos porque andamos con poca capacidad de escuchar. Cuidado con lo que escuchamos, porque no habla de ti, habla de quien dice. Cuidado con opinar, ofender, culpar o definir, porque todo ello juega en nosotros.

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