Semana del 10 al 16 de Febrero

Semana donde la diplomacia es la clave para confrontar quienes olvidan las leyes para imponer sus propias reglas. Y no hablamos de injusticias, sino de diplomacias que faltan o se imponen para danzar en la realidad. Quien se molesta, pierde. La diplomacia es el arte de escuchar al otro para comprender dónde está su desesperación, y a quien le falta dinero, quien sabe que está de salida, quien sabe que puede perder todo, rompe las reglas de las buenas formas para imponer su fuerza. Así, los grupos humanos tensan sus situaciones para medir la fuerza de quien ha alimentado la paciencia, la nobleza y los sentimientos de calma ante quien desespera e impone reglas desproporcionadas, unilaterales o iracundas. El dinero puede ser tu aliado y estar del lado de tus sueños si aprendes a danzar al ritmo de los tiempos rápidos, pero el consejo es que rápido no significa inmediato, sino largo plazo. Nada se resuelve mañana, sino que todo el hoy crea las facilidades del futuro, o las complicaciones si es que has abandonado la diplomacia. Los sentimientos están a flor de piel, juntándose a la pasión que necesita frescura y atención, haciendo de unos días para el deleite y la agradable forma de entregarse a la compañía, pero entendiendo que la alineación con los sentimientos hace el fondo de todo asunto. Son días para que a través de la pasión, hablemos del profundo amor, y no de profundos planes. Amor es admirar con placer, y no hacer con intención de mejorar al otro para que el otro mejore lo propio. Esta forma de amar nos lleva a la quietud de hablar de amor, del que va por dentro. La actividad espera nuestras ideas para que otros puedan hacerlas brillar. El atrevimiento a compartir y crear en equipo trae frutos, donde nadie es mejor que otro, sino que cada uno tiene lo suyo y confiamos colaborando. Por el contrario, son días donde aparecen los egoístas, ególatras, ambicioso, traicioneros que, cuando les falta dinero, cuando les falta aquello para quedar bien en la fotografía, imponen reglas injustas, misiones imposibles, exigencias tormentosas, con tal de vengar la frustración interior en el sentimiento de otros. La diplomacia ayuda a mirar con bondad a quien está en su furia y su poder desproporcionado. La diplomacia permite escuchar al sordo y hacer bailar a quien va cojo, pero sabiendo que todo quien actúa desde la injusticia necesita del resto que sólo con diplomacia permite encontrar esos espacios donde sólo vive lo posible. Y lo posible es escuchar, calladamente, para actuar colectivamente. Una mano lava la otra, y las dos lavan la cara.

Fernando

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