Qué grandes lecciones estamos teniendo al poder comprender que el desorden, la violencia, la insolencia y la ofensa son los llamados para comprender que dentro de nosotros estamos cuidándonos y tratándonos con cariño, porque fuera, nuestros mundos están confundidos, donde hay quienes han decidido vestirse de guerra y confrontación al creer que, derrotando al contrario, conseguiremos el orgullo y el valor de estar en lo correcto. Si lo intentamos, quedaremos donde mismo, pues el vacío interior nos lleva a actuar por impulsos. Justamente es lo contrario, el dejar que los lobos ladren hace que podamos ver quién está de un lado y quién de otro, y cómo sus engaños intentan acabar con las diferencias. ¿Hasta dónde tenemos que llegar con esto? Hasta que no haya más verdad que la propia, y aceptemos que nunca seremos todos iguales, que nunca nos querrán como queremos, que si nos engañan es porque nosotros estamos creando insatisfacción, y que el mejor consejo es que si algo ofrece error, retraso, rabia o tristeza, es porque nosotros hemos iniciado algo de una manera poco sana. ¿Y qué hacer? Detenerse y volver a comenzar cuando estén las condiciones de calma en nuestro interior. Por lo mismo, son días donde nuestro ánimo y nuestra motivación es ir por el progreso superior, porque así como la confusión está a nuestro alrededor, también están las condiciones de fuerza para impulsar nuestros más honestos y puros talentos.
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Qué gran tiempo para separarse de lo abrumador y concentrarse en lo que sabemos hacer, y hacerlo bien, porque ya es mucho tiempo aprendiendo que cambiamos, y no hacemos lo mismo, no somos los mismos, no ofrecemos lo mismo, y no nos aceptan lo de siempre. Y si insistimos, es el tiempo de callar y volver a comenzar con gran humildad. Tendremos que elegir entre lo perjudicial y lo ventajoso, conviviendo con oposiciones y resistencias que sólo ponen a prueba nuestras sólidas creencias descritas con coherencia y orden para poder hacer frente. No se vienen días tranquilos, sino que cambia el ritmo exigido, a veces más lento y su paciencia, a veces mas rápido y su destreza. Dejemos de caer en la tentación del tormento, porque la peor tormenta nace dentro de nosotros, cuando allí está todo en calma, evitando querer parecer o compararse con el mundo externo. Semana de retrasos, de no saber explicar lo que queremos o sentimos, queriendo que nuestra mente vaya más rápido y confundiendo las palabras. Nos rodeamos de mensajes confusos donde tendremos la obligación de ir a una verdad que nos de satisfacción, sólo para entender que la realidad se mueve en un mar de falsedades convenientes. Posiblemente, los laberintos que crecen, se resolverán después del 21 de noviembre, sintiéndonos muy agotados de la puerta para fuera, embelleciendo el interior con buenas actitudes. El dinero es un valor y no una recompensa, por lo que tener respeto y alegría por las monedas que están en nuestras arcas, es como cuidar a los amigos que se les trata con respeto y admiración. El dinero, como los amigos, merecen nuestra escucha, nuestra presencia en momentos donde sus triunfos necesitan compañía. Y los amigos no son para nutrirnos, para eso están los terapeutas. Los amigos son muy importantes en estos momentos, porque son los únicos que nos darán honestidad como respuesta, porque no quieren nuestro fracaso, sino el caminar juntos por la realización de sueños y sentimientos que celebraremos en el futuro. Los sentimientos son parte del centrado interior que nos ofrece certeza en el huracán de los que quieren nuestra perturbación, desolación, confusión y tormentos, porque con esas emociones angustiantes, votaremos por ellos, los que se creen salvadores de cualquier cosa.

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