Tal vez no es momento de ser tan radical. La ansiedad y la obstinación impulsan a tomar aquello que se ofrece, o dejar de raíz aquello misterioso y extraño. La prudencia es la madurez del presente, porque el impulso está gobernado por el miedo del pasado que no se parece a estos tiempos nuevos. Mejor mantenerse en silencio, en atención y en prudencia con aquello que el impulso dice “¡ahora!”. Será un desarrollo de semanas donde la idea, el sentimiento, el trabajo o el agrado guarda fuerza y poder para cuando tengamos más información y permitir a los pensamientos poner en la balanza lo que madurará con gran intensidad. Se trata de nuevos caminos, de sentimientos muy profundos, de intuición e ingenio para colocar por sobre la realidad lo que aun no termina de decir sus asuntos.
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El entorno se vuelve cada vez más radical, mostrando a ambos lados la resistencia ante cambios que son evidentes. Las jerarquías de las empresas y los gobiernos muestran su total desconexión con la realidad al estar amarrados a sus ambiciones, y aceptar nuevos tiempos significa renunciar a las conveniencias para entrar en el entendimiento de variables donde no hay dominio ni control. Los líderes evitan asumir el costo de sus frenéticas decisiones. Por eso, es un tiempo de desequilibrio en las organizaciones y empresas al no decidir con coherencia, sino con el miedo a perder. Esto lleva a vivir días de mucha confusión, donde se espera que podamos mantener nuestro centro en nuestras búsquedas personales y en nuestra construcción y decisión de tiempos mejores por sobre los tiempos colectivos. Semana para que el dinero nos revele sus tesoros, y sorprendernos con menos de lo que esperamos. Sabremos que caminamos por un camino agotado que te pide dejar de insistir en lo que se apaga para abrir las puertas diferentes y desconocidas, donde están los espacios para que nuestro esfuerzo tenga recompensas. Sentimentalmente, estamos sembrando en silencio las semillas de amor con nuevos frutos. No son frutos de cambios, son frutos para la cosecha de la plenitud interior, donde sabemos que el nutrir la conversación con uno mismo, permite renovar las confianzas personales que se transformarán en fuerzas para entregar a la pareja o las amistades. Más que nunca, son tiempos de renunciar a lo que dejó de ser nuestro, para entender que seremos amados tal como nos amamos a nosotros mismos. Dejemos de castigarnos y maltratarnos, de decirnos palabras hirientes, de menospreciarnos, para poner adjetivos y verbos que nos conduzcan a la acción de la bondad. Tenemos comprensión amorosa para entender que nos equivocamos y acertamos, sin que nada sea correcto ni errado. Queramos o no, vamos a una vida muy profunda, a un nuevo nivel de reflexión, que en algunos traerá tormentos y preguntas angustiantes porque nunca han querido tomar el coraje de hablarse con franqueza. Ahora es cuándo se darán un revolcón por la realidad de su sentir para salir frescos con la novedad de saberse explicar el por qué la ignorancia o la levedad se aprovechó de su pasado, cuando era el saber y el sentir profundo el camino hacia la plenitud.

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