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El único refugio que nos queda es ser nosotros mismos. Pero no el molesto con el mundo, sino el amable con nosotros. Descubrimos asuntos que tenemos que poner fin. Interiormente, hay obsesiones y actitudes que terminan destruyendo nuestra autoestima cuando seguimos creyendo que tenemos que ser mejores o ganarle a alguien. Al final, la gran envidia no es hacia fuera, sino hacia lo que no hemos hecho por nosotros, para nuestro bien. Descubrimos que necesitamos ser valorados, como un vacío de nuestra infancia. Lo que no nos dieron, nos lo damos. Pero no es el precio de nuestros juguetes para satisfacer nuestro ego lo que está en juego, sino que es el valor de lo que nos damos para sanar nuestras deudas emocionales, con honestidad, con cariño por nosotros. Ahora, si vemos la realidad que vivimos, imaginemos esto en nuestro país o en lugar donde vivimos, en nuestro lugar de trabajo, en nuestros grupos de amigos como si fueran una persona, para que veamos la evolución de grupo y entendamos que seguimos perdidos en lo que definimos como importante. Porque lo importante es ser uno mismo soltando lo que no nos pagaron o lo que nos deben del pasado. Por otra parte, el evitar los conflictos hace que se agranden. Necesitamos decidir qué hacer con ellos y qué hacer con las personas involucradas. Son tiempos determinantes donde el todo o nada está a favor de comenzar otra vez, pero la madurez nos dice que midamos de buena manera lo que tenemos que hacer para mejorar nuestro esfuerzo y nuestras dificultades con cambiar lo conocido por lo desconocido. El dinero habla muy sinceramente con nosotros, y nos dice que nos falta atrevimiento y osadía en un mundo que quiere conocer nuestros talentos, lo que tenemos para ofrecer, para dar, para compartir y valorar. No es la publicidad de nosotros lo que nos hace grande, sino el decir por qué hacemos lo que hacemos y el cómo entendemos el valor de lo que hacemos. Los nuevos trabajos, los nuevos proyectos, los nuevos productos y servicios esperan más el por qué hacemos lo que hacemos. Ofrecer más de lo mismo es intentar dar lo que muchos hacen de la misma manera. Los sentimientos hablan de querer evolucionar y crecer. No necesariamente hacia los compromisos mayores, sino que pongamos la fuerza en los proyectos de pareja, los proyectos de amistad, para tener temas nuevos que aporten, más allá de los conflictos. Podemos comenzar con iniciativas que muestren nuestra honestidad, con temas que hablen sobre lo que creemos, sentimos y pensamos por sobre lo que hacemos o haremos. Es muy difícil porque es menos panoramas y más conversaciones que nos obligan como persona a escuchar más de los otros, y también a hablar de nosotros. Finalmente, son días donde podemos sentirnos muy vacíos, muy derrotados, muy desvalorados al mirar la lista de la realidad que nos dice quién somos y qué tenemos. Ha pasado mucho tiempo sin preocuparnos de nosotros. Y nunca es tarde, tal vez es un tiempo difícil porque no hay fuerza ni ánimo, porque estamos acostumbrados a creer que alguien hará la tarea por nosotros. Esta vez, tenemos que decidir quedarnos en el fondo, donde nadie querrá visitarnos, o tener la forzada honestidad de tener que crearnos a nosotros mismos con originalidad y autenticidad, con lo que somos, desfachatados, honrados, dispuestos a renovarnos, porque lo añejo sólo alimenta la imagen del que vive en el pasado, y no del que camina en el presente.

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