Vivimos días de emociones profundas, donde los impulsos de segundos a veces determinan problemas que duran años, como también, caprichos de este presente condicionan lo que lamentaremos mañana. Por eso, son días para estar en atención dentro de nosotros para observar cómo se mueve el agua y sus ríos de pensamientos y sentimientos, porque una piedra en el camino creemos que es el final de algo que sólo se ofrece como una leve dificultad. A veces creemos que hay quienes nos quieren provocar y hacer daño, cuando somos nosotros los que creamos esas impresiones. Por todo esto, más lento y más atentos, tenemos la oportunidad de hacer transformaciones valiosas y positivas. En medio del cansancio, hay ánimo por estos días que nos levantan para dar fuerza a ideas y proyectos. Queremos aportar y dar calidad y belleza, valor y abundancia a nuestra vida y la de los que queremos. Pero esto responde a lo que encontramos de nosotros mismos, donde quien encuentra confusión, confunde el dar con conveniencia, y quien encuentra bondad, creatividad y belleza, ofrece aquello que da frutos. Cuidado con la autodestrucción y con la frustración. Ya son tiempos para desenamorarse de los tormentos que creemos nos dan sentido. Las batallas del pasado determinaron las fronteras de nuestras propiedades emocionales, profesionales y territoriales. Hoy no tiene sentido cuando son tiempos de valor que nace de dentro hacia fuera, y no desde el sentido de competitividad. La misma fuerza que desgastamos en conflictos, es la misma que ofrece pasión y amor para dar con alegría y satisfacción. Buenos tiempos en el amor, buena abundancia en la tierra.