Semana para hacer amistad con la poca productividad, pero amante de los resultados profundos. Hacer menos da mucho trabajo. Porque esta semana somos testigos de que no es la cantidad de actividades lo que da resultado, sino la profundidad. El “hacer” termina por ser una variable muy cruel al momento de determinar cuánta ganancia queda para la vida. Medir a los demás por su hacer es como calcular el profesionalismo por todo el tiempo que toma el encontrar un camino, cuando puedes calladamente hacer muy bien algo en muy poco tiempo. El trabajo en exceso, la necesidad de tener que hacer, esconde las emociones que no queremos ver en ocio, porque podría llevarnos otra vez a preguntas difíciles. No son días para estar con los cansados y meditabundos, porque contagian su pesimismo. No nos atraen las personas conflictivas, a excepción que conecten con nuestros conflictos. No son tiempos de muchos asuntos, sino de dedicar con calma a resolver lo importante y cobrar los grandes tesoros. Los sentimientos andan por el mismo lugar, prefiriendo poco pero bueno, en vez de mucho que canse y de paso a malos entendidos. La tentación de salirse de la caja de los valores que nos ponen en un lugar confiable, nos lleva a seguir impulsos que destruyen nuestra reputación y nuestra autenticidad. Cuidado con querer hacer de más, por no tomar todo el tiempo del mundo para decidir qué hacer y qué no hacer. Posiblemente desesperemos en las pausas por la voz que nos pregunta internamente el cómo estamos. Nosotros fabricamos nuestros enemigos y nuestras dificultades. Nosotros luchamos con fantasmas y tormentos que insistimos en volver real, cuando la realidad sólo quiere que decidas caminar tu propio camino, el verdadero, el que te devuelve tu esencia y madurez.

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