Semana del 23 al 29 de noviembre 

Llorar es una manera de tocar los límites de una situación. Llorar es liberar y, a su vez, permitir limpiar un espacio en el corazón para que pueda entrar la nueva visión del presente. Llorar es limpiar y aliviar lo contenido. Llorar es renovar a través de las lágrimas. Llorar significa muchas cosas más allá de la pena: llorar de emoción y sorpresa, llorar de rabia contenida, llorar de añoranza y melancolía. Llorar está tan permitido como reír.
Esta semana nos toma por sorpresa la nebulosa de las emociones, pero no necesariamente las que indican tristeza, sino la necesidad de ser precisos. Semana de impotencia y toma de conciencia de los verdaderos límites y comprobación de la realidad, esa en que vivimos y esa que también nos da mucha alegría. Semana que nos obliga a volver a ser reales y amar desde este presente. Semana para que lo divino y mágico haga su establecimiento en los dilemas y en lo preciso de lo cotidiano, no necesariamente manifestado en el drama, sino en la posibilidad de ser muy precisos en lo que queremos y soñamos.
Es un momento perfecto para que la vida real conozca lo que realmente deseamos, abriendo la posibilidad de que la estabilidad nos de esa fuerza para impulsar de verdad nuestros anhelos. Pero debes comenzar por tus sueños y deseos, pues sin ilusión, el universo no sabe qué ofrecerte.
Semana para definir y determinar lo que se quedará contigo. Semana para que la fuerza imperial que lleva tu corazón se atreva a decir lo que siente y lo que cree, y desde allí, el llorar será una manera de limpiar todo lo contrario. Llorar de despedidas a lo que ya no nos pertenece, llorar de lo que es propio y nuestro, llorar de saber que hay a tu alrededor quienes harán lo mismo y, tal vez, sin necesariamente ser parte de los otros, abrazarnos para sentirnos acompañados. Llorar en compañía del que te sostendrá, pero no te dará respuestas. Llorar para soltar y permitir que esos espacios se liberen de cargas y emociones ya aprendidas.
Esta semana, sin ser de las más perturbadoras, ofrecemos nuestros dilemas como entendiendo que el aprender llega con una pregunta que a veces nos cuesta entender. Pero aprenderemos que las respuestas no están en las preguntas, sino en lo aprendido del pasado, y todo lo extraño y sinsentido que nos toca vivir, serán las respuestas a los futuros acertijos que están para que nos asombremos de la capacidad que tiene el universo de regalarnos aprendizajes. Nunca dejes de asombrarte, pues detrás de un tormento viene la anécdota. La risa es la lección. El suspirar es nuestra satisfacción de sabernos eternos aprendices, eternos sobre todo.

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